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LA GRANDE BOUFFE

>> martes, 25 de septiembre de 2012




Emulando a Lúculo en su retiro hedonista, cuatro amigos hastiados de una vida insatisfactoria deciden reunirse en una mansión para celebrar un frugal festín. Este retiro del mundo supone un punto final literal, pues lo que pretenden no es otra cosa que morir placenteramente, mediante los goces culinarios y carnales. Es por ello por lo que encargan un menú interminable a los mejores chefs de París y contratan los servicios de solícitas prostitutas. A la fiesta organizada por Marcello, Philippe, Ugo y Michel se une inesperadamente una profesora de escuela que, un día, decide entrar en la mansión con un grupo de niños para hablarles de poesía a la sombra de uno de los árboles del jardín. Andrea representa la sensualidad perdida cuando las prostitutas abandonan la casa. Consciente de su “responsabilidad”, asume participar en este aparentemente delicioso suicidio colectivo. Todo parece perfecto, pero poco a poco, irán surgiendo problemas derivados de la situación con los que no contaban.
Este film de Marco Ferreri todavía sigue dando que hablar en las “comidillas” cinematográficas. La polémica propuesta viene acompañada de la pluma literaria de Rafael Azcona, con el que ya había colaborado en “El pisito” y “El cochecito”. De hecho, Ferreri representó para Azcona su entrada en el mundo del cine. Fue, en una palabra, su “padrino”. Azcona, que hasta entonces había escrito algunos libros y también había colaborado en la revista humorística “La codorniz”, comenzó su andadura en el mundo del guión, y en ella siguió hasta su muerte. Para él era más sencillo escribir para espectadores que para lectores. El cine le resultaba más apetitoso que la literatura pura y dura. A pesar de las claras fronteras, el autor de un guión debe de valorarse de la misma forma que el autor de una novela. Al fin y al cabo, ambos escritores no dejan de resultar importantes en su tarea. La literatura lo es en las páginas de un libro y en las de un libreto. No creo que resulte atrevido decir que incluso la crítica (en el mejor sentido de la palabra) debería de considerarse un género literario.
En “La grande bouffe” coinciden además grande nombres del oficio interpretativo: Marcello Mastroianni, Michel Picolli, Philippe Noiret y Ugo Tognazzi encabezan un reparto representativo del mejor cine europeo.
La película ahonda en todos los recovecos posibles insertos dentro del imaginario colectivo referente al “placer”: De lo erótico, del goce de los sentidos… incluyendo, en definitiva, algunos pecados capitales (la gula o la lascivia). No se desprecia nada, ni siquiera algún apartado más o menos escatológico. El cuerpo, fuente de vida y de muerte, el cuerpo sano y enfermo. El cuerpo, rumbo a su descomposición como carne mortal.
“La grande bouffe” es una producción franco-italiana de 1973.


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