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GRAFFITI INESPERADO

>> miércoles, 10 de octubre de 2012



Me lo contó un compañero hace un par de días. Un compañero por el que me suelo enterar de lo que pasa en este santo mundo mucho antes de que otros canales informativos se encarguen de ponerme al día. Además, él lo tamiza todo de un humor único, aunque muchas veces las noticias no necesitan de cierta ironía para que nos las tomemos a guasa. Y, en este caso, no es para menos.
Resulta que, en Valencia, se han descubierto unos frescos que decoraban antiguamente la cúpula de la Catedral. Unos frescos que, presuntamente por su mala calidad, habían sido tapados. A han salido a la luz. Las pinturas datan del periodo renacentista y han permanecido ocultas 300 años. El papa Alejandro VI las mandó realizar a los artistas Paolo de San Leocadio y Francesco Pagano. Hasta el año 2004 nadie se había preguntado por ellas y fueron los restauradores del Instituto Valenciano de Conservación los primeros en descubrirlas. ¡Y cuál sería su sorpresa al descubrir algo con lo que no contaban! Nada más y nada menos que un graffiti de motivo fálico realizado “presuntamente” (me encanta la palabra “presuntamente”) por uno de los obreros que se encargaron de tapiar aquellos frescos en el siglo XVII. La manufactura gamberril poco dista de las “obscenas” intervenciones de aquellos que son denominados en la actualidad “alteradores del orden público”. Desde Pompeya, el viejo arte de la expresión plástica pública poco ha cambiado, pues hoy en día los esquemas con los que se gestan los símbolos que todos identificamos al salir a la calle en paredes o muros en general parecen ser los mismos. Un órgano sexual masculino sigue siendo representado con el mismo grafismo ahora y hace mil años.
Pero no solo quedó esta muestra testimonial: los restauradores encontraron pegotes de yeso sobre las figuras de algunos ángeles. Por lo visto, los obreros mataban el tiempo tratando de acertar desde abajo a los ojos y bocas de dichas representaciones divinas pintadas en la bóveda… Y, por lo que se ve, tenían buena puntería.
Ahora, tras la restauración, todo esto ha desaparecido. Como si no hubiese existido. Y digo yo: si los graffiti de Pompeya se conservan por muy polémicos que resulten debido a su importancia histórica ¿por qué no estos graffiti? Eso sí, han quedado datados en fotografías para que no caiga en el olvido y ya nadie pueda decir nunca que no existieron ni fueron imaginados por una mente perversa. Algo así como lo que hizo Carlos III durante las excavaciones en Pompeya (sí, de nuevo Pompeya) que él mismo sufragó: mandar a unos dibujantes copiar las esculturas más obscenas que se iban encontrando para catalogarlas (datándolas, dotándolas de su propia existencia) y después destruirlas. Carlos III, que ante todo era ilustrado.


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