Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

LO DIJO PICASSO

>> viernes, 19 de octubre de 2012



En la vida de Ignacio de Loyola hay un episodio que no puede pasar desapercibido al común de los mortales: dicho momento acontece durante el viaje a Jerusalén que efectúa el santo, disponiéndose a convertirse en peregrino y abandonando sus pasados sueños de hidalguía caballeresca. Durante ese largo camino coincide con otro viajero, un musulmán que monta a caballo. Él está siendo llevado por un burro. Decididos a hacer el trayecto más llevadero, comienzan una plática a través de la cuál se van conociendo. Y, llega un momento donde surge uno de los dos temas de los que nunca se debe hablar en público si se quiere llevar a buen puerto una conversación: La religión (la otra sería la política).  El compañero de viaje de San Ignacio expuso sus recelos respecto de algunos dogmas de la religión católica. Concretamente, afirmaba que le costaba creer en “la virginidad” de María. Por supuesto, San Ignacio no recibió estás palabras de buen grado, y solo cuando el moro le dejó apretando el paso en su viaje pudo concretar una serie de sentimientos que habían ido adueñándose de él: odio y rabia. Sintió ganas de castigar a aquel sujeto que se había atrevido a poner en cuestión a su “dama”, una de las figuras clave de su Fe. ¿Qué hizo finalmente san Ignacio de Loyola? Poner la decisión en manos (o en patas) de su burro. El camino se había bifurcado y había que elegir seguir la senda que había escogido el musulmán o aquella otra que le separaría de él evitando toda acción reprobatoria. El burro eligió afortunadamente aquel otro que le sería de más ayuda al santo para sus propósitos.
Y así - nos dice Unamuno - el burro “…dejando el camino ancho y llano por donde había ido el moro, se fue por el que era más a propósito para Ignacio. Y ved como se debe la Compañía de Jesús a la inspiración de una caballería”.
Y ahora, yo me digo: “¿Dónde está el burro de tantos españoles, europeos y gentes del mundo-mundial? (citando una de las frases preferidas de “Manolito Gafotas”) A lo mejor ya lo tenemos y no lo sabemos… Sin ánimo de ofender a nadie, quizá haya un burro en alguna parte que nos esté guiando de algún modo… Y es que (y esta frase viene al pelo con San Ignacio) los caminos del Señor son inescrutables…
Lo que está claro es que, para encontrar caminos que elegir hay que caminar (díganselo a Machado)… y, cuanto más se siembre, más probabilidades habrá de que algún árbol nazca, se desarrolle saludablemente y alcance una plenitud deseada. Hay quien se propone una meta y la alcanza (quien la sigue la consigue). Proyectando un deseo es más sencillo que se cumpla. Quien lo visualice como ya conseguido tendrá más papeletas para ganar el sorteo, dicho de la forma más ramplona posible.
Estos dicen llamarse emprendedores, gente con iniciativa y espíritu positivo. Gente para quienes las raíces que brotan de la tierra en mitad del camino y pueden provocar el propio tropiezo no representan sino “accidentes naturales”. Para quien tropiece con alguna de ellas y acabe cayéndose, de poco le servirá enfadarse. ¿Con quién va a aplacar sus iras? ¿Contra la raíz? ¡Qué cosa más estúpida! ¿Qué culpa tiene la raíz de que el caminante no se fije en donde está pisando? No hace falta ser visionario, solo saber mirar de vez en cuando y no distraerse con cantos de sirena. ¿Qué va a decir? “¡La culpa fue de ella, que se puso delante de mi camino!” Algo tan grotesco como ese personaje de película que camina sobre burro (otro más) y, además, sobre una vía del tren y, de pronto llega el ferrocarril y le comienza a pitar para que se salga de ahí, y a él no se le ocurre otra cosa que decir: “¡Chufla, chufla! ¡Como no te apartes tú…!”


Respecto a personas visionarias o con la mente bastante despejada y clara, baste citar a Picasso. El andaluz (más francés que andaluz, por cierto), por lo que se ve, podía haber sido pensador (si no lo fue ya en cierto sentido). Innumerables frases se le atribuyen a él. Tantas como a Groucho. A los que dicen “como dijo Picasso” Picasso les podría haber dicho rechazando su pedantería: “Como dijo Picasso: No me hagáis ni caso”. Claro, que el pintor también tenía el ego bastante subidito. No puedo por menos que recordar la lección que Woody Allen en “Annie Hall” dio a un pedante en la cola del cine. Tuvo que sacar a Marshall Mcluhan, que andaba escondido detrás de un cartel, para que el propio filósofo acabase dándole en las narices a quien había hablado de él sin su consentimiento y de forma equivocada.
Solo me fío de una de las tantas frases que se dicen de Picasso, y es la siguiente: “Yo no busco. Encuentro”. Así que nada… ¡A ponerse manos a la obra!... y que la inspiración nos coja trabajando… con burro o sin burro.

18 – 10 - 12

0 comentarios:

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP