Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

NIMIEDADES

>> jueves, 11 de octubre de 2012


Había quedado con él para poner en claro las cosas. Lo que no podía imaginar es que se iban a enredar todavía más.
Hacía un par de semanas que había descubierto algo. Su chica estaba saliendo con otro. Pero ¿desde cuándo? Lo peor de todo es que ese “otro” lo conocía. Ese “otro” era su mejor amigo. Por eso había quedado con él para aclarar las cosas. Lo peor es que el problema, lejos de desaparecer, iba a agrandarse todavía más.
Y lo peor de todo es que su amigo no sabía nada de que él lo sabía. No podía saberlo. No obstante, cuando habló con él notó en su voz una cierta preocupación.
¿Qué es lo que podía temer su amigo?
El problema estaba ahí y había que afrontarlo, disipar dudas para convertirlas en soluciones. Volver palpable lo translúcido, que no es ni visible ni invisible. Algo se barrunta, pero nada más.
Los dos llegaron puntuales al lugar de la cita, quizá decididos a matar esos nervios traviesos que no había cómo quitarse de encima.
Se sentaron uno frente a otro, los dos con rostro grave. Había prisa por hablar y se adelantó el amigo.
-         Mi novia me engaña con otro.
Todo había saltado por los aires. ¿Por qué ahora él le había usurpado su personalidad? ¿No tenía bastante con usurparle a quien más quería? No era justo. Ahora él, su amigo traidor, era la víctima.
No comprendía nada. Quizá se tratase de una maniobra para desestabilizar al contrario. Si era esto, lo había conseguido. Le había desarmado con su propio argumento. Pero no tenía bastante, no. El acusado necesitaba ir más allá, hacer astillas al acusador.
-         Tú eres el otro.
Francamente previsible. La paciencia se había agotado. Había que ser fuerte, volver atrás y retomar el ánimo con el que se pretendía comenzar aquel “distendido coloquio”.
-         ¡Basta! No he venido aquí para que me despellejes. Sé lo que tienes con ella, ahora no trates de darle la vuelta al asunto.
-         ¿Hablas de…? ¿…Tú? ¡Vamos, no te hagas la víctima!
¿Qué hacer en estas circunstancias? ¿Cómo buscar al culpable? A lo mejor la cosa era más sencilla de lo que parecía… A lo mejor… aplicando una tonta regla de tres, la responsabilidad podría tal vez recaer en ella.    
-         ¿Tú crees que nos ha tenido engañados?
-         Es probable… Lo mejor sería hablar con ella.
Tan rápido como coger un teléfono y marcar.
-         Hola… ¿Podrías pasarte un momento por aquí? Sí, estoy donde siempre… Venga, te espero.
Y ese “te espero” se convirtió en un “te esperamos” justo cuando ella entró y los vio mirándola interrogantes.
- ¿Qué hacéis aquí? ¡Qué sorpresa! ¡Mis dos amores…!
De nuevo, algo inesperado. ¡Habrá algo que decir! Vamos, digo yo…
-         Tus “dos amores” clandestinos. Tú solo lo sabías…
 Ella sonríe y les trata como a dos chiquillos.
-         Pero, vamos a ver… ¿Quién os ha dicho que yo haya firmado un contrato con alguno de vosotros?
Y dice el amigo:
-         Bueno, eso no resulta necesario. Se sobreentiende.
De nuevo, una risa por primera respuesta. Luego, una segunda:
-         ¿Pero qué concepto tenéis del amor? Vamos a ver…
De nuevo, indignación por duplicado. Los dos hombres irritados esgrimen nuevos argumentos.
-         Para ti ¿qué éramos?
-         ¡Has jugado con nosotros!
Y ella, resuelta, responde:
- ¡Y vosotros me habéis seguido la melodía! Solo somos tres buenos amigos… Vosotros es que sois muy cariñosos… Yo accedo a vuestros cariños, nada más. ¿Qué nos diferencia de la amistad, vamos a ver?
Esto era cierto. Ellos siempre se habían sentido fascinados por ella, pero ella nunca había dado pasos serios con ellos. Eran individuos que fácilmente se contentaban con cualquier cosa, magnificándola, dando nombre falso a lo que no lo tenía.
-         ¡Hala, volved a casa y dejad de perder el tiempo! ¡Con lo bien que nos llevamos! Sería una mala idea esto de discutir por cosas tan nimias…

0 comentarios:

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP