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UNE JOURNÉE D'ANDREÏ ARSENEVITCH

>> viernes, 26 de octubre de 2012


En 1999, el canal de televisión “Arte” le ofrece a Chris Marker realizar un capítulo para una serie dedicada a directores de cine de todos los tiempos. Marker elige a Andrei Tarkovski y plantea su narración de una forma muy particular: mostrando imágenes de los últimos momentos del director ruso. Fue al finalizar “Sacrificio” cuando se le detectó el cáncer que acabaría con su vida. Marker parte de imágenes filmadas sobre Tarkovski en tan complicados momentos, a mi juicio, para complicar al espectador emotivamente, cambiando así el rumbo de un documental al uso. El francés no renuncia, por tanto, a su forma personal de narrar hasta en los formatos más aparentemente convencionales. A la par que se nos cuenta este final, aparece una información de índole política que sin duda afecta al propio Tarkovski: La censura ejercida sobre él hasta el final por parte de las autoridades rusas. Una censura que incluso complicó que el propio director pudiera comunicarse físicamente con su familia. Y he aquí donde se resalta una de las facetas que involucran más personalmente a Tarkovski dentro de su cine (si es que no fue todo personal dentro de su trabajo): la apuesta que siempre hizo por los personajes “inocentes”, aquellos seres puros que pueden verse castigados por su forma clarividente de ver el mundo. Quizá con esto Tarkovski buscó desahogar esa rabia por la injusticia social que tanto le afectó a él y a muchas de las personas contemporáneas a él que fueron testigos de un momento terrible de la Historia. Un momento histórico donde todavía había convicción en las ideologías, un momento en el que la forma de ver la vida podía condicionar a quienes defendían unos u otros postulados.
Este tributo que Marker rinde a Tarkovski contiene los puntos más esenciales de su mirada cinematográfica y, por tanto, vital.
Se destaca, por encima de todos, su concepción mística del mundo, reflejada hasta en el más mínimo detalle. Por ejemplo, la posición de la cámara, tantas veces filmando desde arriba a los hombres en la Tierra, al contrario del cine convencional que filma desde la tierra hacia arriba, mostrando escorzos más en contrapicado. Esa Tierra de la que nacen los hombres, ese barro del que proceden (ese material con el que son creados) y al que vuelven al finalizar sus vidas. Ese deber por mostrar los elementos naturales que, junto con la tierra (la lluvia, el aire, el fuego), son creados por Dios.
Otro de los puntos fuertes en la filmografía tarkovskiana son las referencias al mundo del arte, tanto la música como la pintura. Referencias siempre religiosas, aquellas que mejor describen ese sentimiento religioso. Estos elementos conjugados con el propio discurso cinematográfico, pretenden confeccionar una obra de arte total. Esta forma de entender un cosmos no solo estético sino vital define la obra de Tarkovski.
Pero, además de todo esto, es necesario hablar también de su concepción a la hora de enfrentarse al trabajo en sí como artesano. La pulcritud y autoexigencia son también determinantes y empujan al espectador a quedarse maravillado ante cada una de sus imágenes, a casi levitar en el sentido más emocional (como les sucede a algunos de sus personajes) por no decir espiritual.
“Una tournée d´Andreï Arsenevitch” es genuinamente Markeriana por su poética constante y su empleo de asuntos tan frecuentes en la filmografía de su autor. Quien desee conocer a Tarkovski no encontrará una mejor forma de iniciación. Ese mundo tan particular no solo ha influido a los personajes de ficción que se han movido en él, sino que convoca constantemente a sucesivas generaciones de espectadores, las hace partícipes y testigos de él.
Como le dijo el espíritu de Pasternak a tarkovski, según Marker: “Harás solo siete películas, pero siete buenas películas.”
   

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