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DANDO LA NOTA (Microrrelato)

>> martes, 1 de enero de 2013



Un día, las teclas negras de un piano quisieron gastarle una broma a aquel que las tocaba (creo que era un pianista) y se escondieron. Se escondieron a la sombra del piano, aprovechando que también era negra. Ellas pensaron: “Le hemos quitado los momentos más misteriosos y emotivos a las canciones, sin todos esos sostenidos y bemoles. Cuando llegue “él”, no será capaz de tocar nada al piano. Tendrá que componer canciones más sencillas y sin alteraciones”. Cuando llegó “el” pianista, se sentó a la banqueta y comenzó a tocar… como si nada hubiese sucedido ¡Ni se había percatado de la ausencia de sus amadas teclas! Esto las llenó de cólera y comenzaron a hacerse sonar para llamar su atención. Fue entonces cuando descubrieron que “él”, aparte de ser sordo, era un perro.

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