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ADIVINANZA

>> miércoles, 10 de abril de 2013



Un hombre de rostro pálido y ojos y boca oscuros entra en una habitación. Las paredes tiemblan cuando esto sucede, de débiles que son. Sobre una mesa hay un estuche que el hombre abre, sacando de él un violín. Se lo coloca bajo la barbilla, luego coge un arco y lo coloca sobre las cuerdas. Comienza a tocar, viéndose claramente que el músico en cuestión no tiene ni la más remota de cómo arrancar de aquel instrumento una melodía coherente. No obstante, suena una música perfectamente reconocible, la “Melodía” de Tchaikovsky. El sonido, no obstante, no va sincrónicamente al que puede salir del violín. Es una música además antigua, artificiosa. El violín sonoro es un violín de gramófono. De pronto, alguien se acerca al músico farsante por detrás. Ese personaje, también de ojos y boca oscuros, es una chica. Le toca por detrás al chico y éste se gira. La chica mueve la boca pero de ella no sale tampoco ningún sonido. En este caso no hay ni siquiera sonido de gramófono que reproduzca su voz. Hace gestos exagerados, y el chico parece disculparse ante ella con su cara de mimo y con unos gestos igualmente excéntricos. Pero no hay nada que hacer. Su sonido de disco de pizarra violinístico le ha despertado y está furiosa. De repente, ¡oh, milagro! Se escucha una voz humana. Proviene del exterior. Una voz, eso sí, también alterada, amplificada por un altavoz. “¡Ahora tú te vas!” Y el violinista hace caso de la orden y se marcha, dejando el violín en el estuche. Ella se queda sola y coge el instrumento, curiosa. Comienza a tratar de hacerlo sonar. “¡Espera, espera, todavía no hemos podido cambiar el disco!” dice de nuevo aquella extraña voz. En efecto, Tchaikovsky había seguido sonando todo el tiempo, aún cuando el violín no estaba en manos de nadie. “¡Está bien, está bien, paremos un momento!” Comienzan a oírse más voces. Un hombre con gorra y tirantes entra en la habitación desde un lugar donde no hay ninguna puerta. Es más, ese hombre ha entrado por un lado de la habitación donde no hay pared. Saca martillo y clavos y comienza a apuntalar una de las paredes. Tal pared es en realidad un tablón de contrachapado que se mantiene en vertical gracias a unos bastidores que lo sujetan desde atrás. El violinista no tarda en aparecer por la puerta por la que se ha marchado. La ha dejado tan abierta que puede verse que al otro lado hay un extraño paisaje de cámaras, luces, cables y bastidores. El violinista por fin habla, dice que frases que salen de su boca, como estas: “¡Menos mal! ¡Pensaba que esta toma iba a durar eternamente!” La voz surgida del altavoz vuelve a hacerse notar: “¡El señor Orduña y la señora Vernon pueden marcharse a descansar por un tiempo hasta que esté preparada nuevamente la escena!” El violinista, ahora llamado Orduña, dice: “Señor Perojo, ¿cuántas escenas más vamos a filmar hoy?” a lo que la voz de altavoz ahora llamada “señor Perojo” contesta: “Creo que filmaremos la del baile de disfraces y la de los marineros”. La señora enfadada, ahora llamada “señora Vernon”, saca su pitillera, se coloca un cigarro en la boca y se lo enciende. Después, coge un periódico en el que puede verse perfectamente la fecha: “1926”.

¿Título de la película? “Boy”.

- ¡Pero eso es trampa!- dijo Lucas.

- ¿Por qué? Es una película real- le contestó Adrián.

- Ya, pero tanto tú como yo sabemos que esa película no existe, que fue destruida en el incendio de los laboratorios Madrid Film hace más de cincuenta años…

- Se conservan fotografías, la novela de Luis Coloma en la que se basó y una filmación del rodaje y diez minutos del metraje original…

- ¿Y qué? Todo eso que me has contado parte de datos reales, pero la mayoría te lo has inventado… ¿Cómo sabes que esa escena se rodó exactamente? El personaje de “Boy” no tocaba el violín, tocaba el piano…

- Lo bueno que tiene hacer uso de películas desaparecidas que nadie, salvo nuestros abuelos, han podido ver, es que juego con ventaja…

- No sé cómo te has empeñado en hacer esa tesis sobre películas que ya no existen…

- Porque siempre me ha gustado la arqueología… ¿Tú sabes lo maravilloso que sería encontrar alguna de estas películas? ¿sacarlas de nuevo a la luz?

- Sí, reconozco que a veces suceden ese tipo de milagros…

- Además, solo hay una persona más rara que yo en ese aspecto… Y ese eres tú…

- Pero yo nunca haría un trabajo sobre cosas con las que no puedo trabajar porque han desaparecido…

- ¡Pues por eso mismo! Si no hago yo ese trabajo ¿quién lo va a hacer?

- Tienes razón…

- Ahora nadie cree en mí, pero después la gente me lo agradecerá… Además, jugar a las adivinanzas con cosas de este tipo hacen más mágico aún el juego. Al fin y al cabo, escribir literatura o hacer cine es algo parecido… Nos valemos de una serie de cosas que conocemos, datos reales y creíbles, hechos que han sucedido o que pueden suceder… y después, el resto es inventiva. Jugamos con todo eso para hacérselo creer al espectador. Y tú has entrado en ese juego…

- Estás loco, Adrián…

Lucas y Adrián abandonaron la escuela de cinematografía muy despacio. El largo día acababa y a ellos solo les quedaba aquella conversación. Una conversación interesante y a la vez intrascendente, para hacer más corto el camino rumbo al metro.

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