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LAS HORAS AZULES

>> domingo, 14 de abril de 2013


Una marea de lápices
Dibujaba los sonidos de la tarde.
El viejo profesor, subido en su bote,
Escribía unos versos que creía olvidados.

Allí estaban, recogidos por una suerte
De nostalgia juvenil impregnada de salitre.

La recordó, como una sirena anclada al mástil
Toda ella de madera, de existencia ya imposible.

Recordó que ella fue de carne
Que existió más allá de su pensamiento
De melena dorada, de cuerpo inaccesible
Toda ella remarcada por fugitivos deseos.

Solo cuando no estaba delante
Y solo podía describirla con torpes palabras
Venía, como un punzón sin punta,
Clavándose lentamente
Y él decía:
“¿Dónde estabas en mis horas azules?”

Ninguno de sus alumnos le vio llorar
Protegido tras su gran mesa de roble.
Él ya no estaba allí, y ellos no lo sabían.

Fue todo cuanto pasó
En aquella tarde antigua
Dentro de aquella clase.

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