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LA CHICA QUE LEÍA “HAMLET” EN UN VAGÓN DE TREN (Microrrelato)

>> sábado, 25 de mayo de 2013


Aquel chico se había puesto extraordinariamente nervioso al sentarse al lado de aquella chica. Tan nervioso que tuvo que sacar su libreta para ponerse a escribir. ¿Y cuál sería el asunto de su texto? Realmente no le apetecía ponerse trascendental en aquellas circunstancias. Solo necesitaba calmar su inquietud con una actividad que lo aislase de aquella realidad. ¿Y si escribiese un poema? Ella podría leerlo de refilón y enamorarse de él. ¿Pero sobre qué versarían sus versos? ¡Qué tontería! Ella ya estaba leyendo. Leía el “Hamlet” de Shakesperare. De hecho, estaba en el tren por el solo motivo de la lectura. Cogía siempre aquella línea, la línea seis circular, que no tenía principio ni fin, en la que podía estarse horas y horas sin que nadie le molestase. Una biblioteca móvil. Muchos no podrían concentrarse entre tanto ajetreo, solo leerían allí para hacer más llevadero su viaje, pero ella encontraba allí aquella calma que le faltaba en otros lugares. Cortázar podría haberle dedicado un cuento, como el de aquel hombre que vivía en el metro de París. Ella estaba tan sola como él, como su compañero de viaje, que bien podría ser también un personaje cortazariano. Los dos estaban solos, pero ni él ni ella querían confesarlo. Quizá fuera por eso, porque eran dos seres idealistas. Al vivir en las nubes, les estaba vedado tocar el suelo y, con ello, entablar una conversación en tales circunstancias. Ambos veían esta posibilidad como algo tan romántico que resultaba imposible de materializarse.
Una voz artificial anunció la parada: “Esperanza”. Como si un titiritero hubiese tirado de la cuerda que movía la cabeza de su títere, ella levantó la cabeza y trató de evitar mirarle. Se levantó y se dirigió hacia la puerta esperando que ésta se abriese. Él dejó de escribir al no esperarse la partida de su amada secreta (o al menos, una partida tan repentina- aunque esto siempre sucede, siempre se nos hacen cortas este tipo de vivencias) y abrió la boca para decir algo. Pero su voz no fue capaz de salir afuera, quedándose dentro resignada.
Miró de nuevo su cuaderno, concretamente los dos únicos versos que había sido capaz de anotar:

“Como un viaje en tren

Donde todo pasa y nada queda…”

2 comentarios:

ALMA AGUILAR 25 de mayo de 2013, 23:03  

Increible, inspirador, lleno de vitalidad y de juventud. Me encanta.

nosoydali 26 de mayo de 2013, 2:04  

¡Gracias! Se me ocurrió mientras volvía a casa en tren... Como no tenía nada que leer, saqué el cuaderno y me puse a garabatear una historieta que acabó convirtiéndose en esto. Me atrapó tanto que continué escribiendo cuando salí del vagón, mientras andaba hacia casa. ¡Y luego me encontré con un amigo a la salida y la terminamos de escribir!

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