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LA ESCRITURA DEL PENSAMIENTO

>> viernes, 17 de mayo de 2013

"El sueño de la razón produce monstruos", grabado de Goya

Cuentan las crónicas antiguas acerca de Tales de Mileto la siguiente historia: una noche, estando el filósofo caminando por el campo, tomó por distracción la visión de las estrellas. Tan preocupado estaba por lo que sucedía en el cielo que no se percató de los problemas de la tierra. El pensador cayó dentro de un hoyo, lo que provocó las risas de una vieja que por allí pasaba.
Como Tales, otras tantas figuras han ido engrosando a lo largo de la historia una lista  que podríamos denominar (con permiso de Rousseau) de “soñadores paseantes solitarios”. Beethoven buscaba la tranquilidad de los bosques alemanes para caminar con su sombrero de copa, con las manos en la espalda y siempre echado hacia delante, esbozando en su mente algunos compases de una posible partitura (quizá la “Pastoral”).
Hay quien defiende que el pensamiento se provoca caminando (o, al menos, que se estimula). A otros, sin embargo, se les enciende la famosa bombilla en situaciones de lo más sorprendentes (recordemos el descubrimiento de la ley de la hidrostática por parte de Arquímedes –“¡Eureka!”-justo en el momento de introducirse dentro de su bañera). Nos hayamos, pues, en un terreno bastante abstracto y poco investigado: aquel del trabajo mental, que permanece solo visible para quien lo practica y resulta invisible para los demás. Sin esta labor previa, no existiría lo que viene después, es decir, su resultado en una concreción física. De Picasso es la frase que dice: “que la inspiración te coja trabajando”. Así pues, no podemos esperar que el espíritu santo baje mientras nosotros estamos de brazos cruzados.
Puede ser en el momento menos pensado: la idea puede venir a la cabeza del pensador  mientras éste hace cola en una frutería, cuando está poniendo su vista en unos limones maduros. El resto de las personas que tiene alrededor no lo saben, no podrían imaginar que él está incubando un “eureka”.
Para el escritor, no solo existe la “escritura mental” sino que es necesaria para poder escribir sobre papel.
Existieron casos de pensamiento frustrado que no pudo ver la luz, como el de Maurice Ravel. El compositor sufrió una enfermedad neurológica al final de su vida que le impidió concretar sus últimas concepciones musicales. Concretamente, su ópera sobre Juana de Arco nunca pudo hacerse realidad debido a este problema.
También son famosas las últimas palabras del escritor Honoré de Balzac: “Ocho horas con fiebre, ¡me habría dado tiempo a escribir un libro!”

"El monje ante el mar", óleo de Friedrich

En el caso del guionista, la creación mental resulta incluso mucho más apasionante que el momento de volcar todo este proceso en un libreto. Puede decirse que es la parte más compleja, sí, pero que una vez concebida, como diría Hitchcock, la película ya está en la cabeza y solo queda rodarla… o escribirla. Vamos, que el resto acaba resultando un mero “trámite”, si se me permite la ironía.
Cuanta más experiencia tenga el guionista o el escritor, con más paso firme caminará por el laberinto de su imaginación. En sus primeras incursiones o exploraciones será normal que acabe perdiéndose y acabando en callejones sin salida, no quedándole otro remedio que desandar lo andado para volver a la “puerta de entrada”. Habrá veces que creerá haber encontrado un posible camino para su historia, cuando la auténtica alternativa se encontrará un poco más adelante. De haber seguido caminando, se la habría encontrado al doblar la esquina, pero al haberse decidido por la primera y deslumbradora impresión, habrá cedido a la vana ilusión y tardará en encontrar la vía correcta.
El escritor debe de sacrificar muchas de sus ideas en pos de una historia coherente. Más vale un texto con menos ingenio pero con más cordura. Enseguida, saltará la alarma y la cabeza nos dirá: “Esta idea no es de esta historia”. Muchas veces, las ideas desechadas simplemente se guardan en un cajón, a la espera de una oportunidad que les sea propicia. Viajan con nosotros, nos dicen: “Sabes que tienes que escribirme”. El escritor les responde. “Lo sé, peor ahora no es el momento. Confío en vosotras porque sé que sois valiosas, pero debéis de esperar a una historia que os haga justicia”.

Retrato de Charles Dickens y de sus "criaturas" 

Huelga decir que el escritor debe de ser un gran conocedor de las cosas por las que se interesa. No obstante, el guión crea una nueva frustración en él, pues su lenguaje espartano le impedirá explayarse más de lo debido en los diferentes aspectos de su historia. Si un egiptólogo tuviera que escribir una escena cinematográfica acerca del descubrimiento de la tumba de Tutankamón, de seguro que ese día se sentaría ante la máquina de escribir afeitado y con camisa nueva. Alguien le tendría que decir entonces: “Esto no es una novela ni un ensayo histórico. Limítese a una descripción breve y fluida, para que el lector de su historia no se aburra leyéndola.” Cruel pero cierto. Cuanto antes sepamos estas cosas, menor será el sufrimiento. Debemos de aceptarlo.
El pensamiento nunca se toma vacaciones (incluso durante los sueños desempeña su labor y nos conduce por paisajes fantásticos o terroríficos). Es por ello, a mi juicio, que debemos sacarle partido, buscándole un trabajo productivo para obtener de él la máxima rentabilidad posible. 

2 comentarios:

klee 20 de mayo de 2013, 14:34  

Yo no soy escritor pero escribo,encuentro una extraña recompensa al plasmar ideas y sensaciones en palabras.Las palabras no consigen plasmar lo que pienso, sino de una manera un tanto torpe y apretada.
De todos modos en tu post comentas la labor del guionista y de sus esfuerzos y fustraciones.Yo pienso que hay una diferencía fundamental entre el escritor y el guionista, el primero es el autor independiente de una obra, el segundo forma parte de un proceso creativo en el que entran varios artistas, lamento estar en desacuerdo contigo que con un buen guion es facil hacer una buena pelicula, mas bien sería que un buen guión es tan necesario como una buena fotografia, direccion de actores,actores, musica y el director como principal responsable de coordinar a todos los creativos.
a sido una grata visita pasear por este rincón.
un saludo.

nosoydali 20 de mayo de 2013, 15:42  

¡Gracias!
Ciertamente, resulta complejo volcar nuestros sentimientos de una forma física, mediante un sistema codificado de palabras y signos. En general, siempre nos faltarán herramientas útiles con las que expresarnos.
En cuanto a la segunda parte de tu comentario, estoy de acuerdo: En cine, la parte de guión es igual de necesaria que la de fotografía, dirección de arte, interpretación de actores... Todos trabajan en el mismo barco y se necesitan mutuamente. La cohabitación es necesaria para su subsistencia.

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