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EJERCICIO SOBRE EL TIEMPO EN ESCENA

>> viernes, 7 de junio de 2013


ESCENA 1

JOE y EDNA entran en un piso vacío, dejando la puerta entreabierta.

JOE.- ¿Qué te parece?
EDNA.- No sé, Joe… ¿Crees que podremos pagar todo esto?
JOE.- Edna, cariño… No te he pedido que pienses en cosas que me competen a mí… Te he preguntado simplemente qué te parece todo esto…
EDNA.- ¿Pues qué me va a parecer? Que es como si acabase de entrar en un sueño… ¡Joe, prométeme que no me harás despertar…!
JOE.- Te prometo algo mejor: convencerte de que esto es real.

EDNA y JOE se abrazan.

JOE.- (Señalando al centro de la sala) Aquí irá nuestra mesa de comedor (indicando, después, las ventanas) y allí lucirán unas cortinas de nenúfares… (yendo hacia una de las esquinas) Y aquí, el rincón de juegos para los niños… Creo que con el dinero ahorrado de este mes podré comprarle al pequeño Jimmy un caballo-balancín y a Lucille una muñeca de esas que cierran los ojos cuando se recuesta…
EDNA.- Joe, ten cuidado con esos castillos en el aire…
JOE.- ¡Edna! ¿Por qué eres tan reacia a ser feliz?
EDNA.- ¡Todo lo contrario! Soy realista para evitar la infelicidad… ¿No lo entiendes? Mientras tú caminas sin saber qué suelo tienes debajo, yo calculo cada una de las pisadas.
JOE.- Estás echando a perder uno de los momentos más bellos de nuestra vida…
EDNA.- ¡No, tú eres el que puedes echarlo a perder si sigues comportándote de manera tan inconsciente!

JOE no sabe qué decir y se sienta en el suelo, apesadumbrado. EDNA se acerca hasta él y le acaricia el pelo.

EDNA.- Solo te digo que ahora  tenemos que adoptar una actitud responsable… Tenemos una casa que mantener, unos hijos a los que dar un hogar confortable… ¿Qué te crees, que a mí no me ilusiona nada de esto? ¡Ay, Joe, qué poco me conoces! Precisamente como yo sí te conozco y sé cómo eres, trato de advertirte… Porque soy tu mujer y porque te quiero… ¡Quiero lo mejor para ti, para nosotros, para nuestros hijos!

JOE atrae para sí a EDNA y la abraza.

JOE.- ¡Oh, Edna! ¡Perdóname! A veces parece que no sé valorar todo lo que haces por nosotros…
EDNA.- No tienes que pedirme perdón… me conformo con que atiendas mis consejos… Nada más…

Entran en el piso los PADRES de EDNA.

ROSCOE.- (A EDNA) ¡Hija mía, podrías habernos dicho que eran cinco pisos sin ascensor!
MARGARET.- Tu padre anda más quejita que de costumbre… Desde que se nos estropeó el televisor y no puede ver el béisbol, está insoportable…
EDNA.- Nos han dicho que en un par de años pondrán un pequeño montacargas… ¿No os habéis fijado en el hueco? Ahí va a ir…
JOE.- Bueno, ¿qué les parece la chocita?
MARGARET.- No está mal, nada mal… Claro, que todavía falta el calor del hogar, como es natural… Con unos cuantos arreglos quedará perfecto…
ROSCOE.- ¿Pondréis televisor, muchachos? Igual tengo que venir algún domingo a haceros compañía…
EDNA.- No lo sé, papá… Le estaba diciendo hace un momento a Joe que deberemos prescindir de muchos lujos… nuestra economía no está muy boyante…
MARGARET.- Di que sí, cariño… A mí mis padres me educaron en la sencillez y nunca me faltó de nada… fui una niña feliz…
JOE.- Con un pequeño esfuerzo por parte de todos, este lugar se convertirá en el sueño que todo americano siempre ha perseguido. ¡Nuestros amigos rabiarán de envidia!

Todos ríen.




ESCENA 2

(Extraída de "Esperando al zurdo", de Clifford Odets


Precedente inmediato: hoy, la que les vendió los pocos muebles que poseían se los ha llevado por falta de pago de los plazos que aún les quedaban. Edna ha tenido que acostar a los niños para que no se dieran cuenta de que no tenía nada que darles de cenar. La situación ha tocado fondo. No se puede aguantar más.

JOE.- ¿Dónde están los muebles?
EDNA.- Se los llevaron. No pagamos la cuota.
JOE.- ¿Cuándo?
EDNA.- A las tres.
JOE.- No pueden hacer eso.
EDNA.- ¿No pueden? Pero lo hicieron.
JOE.- ¡Desalmados! Ya habíamos pagado las tres cuartas partes.
EDNA.- El hombre dijo que volvieras a leer el contrato.
JOE.- Seguramente firmamos un contrato falso.
EDNA.- No. Es un contrato en regla. Y lo firmaste.
JOE.- No seas así, Edna.
EDNA.- No, Joe. Deja eso para el cine; a Clark Gable le pagaban kilos de plata por hacer eso.
JOE.- ¡Lindo hogar este! A uno no le dan ganas de volver a casa, ¡te lo juro!
EDNA.- ¿Quién tiene la culpa?
JOE.- ¡Vamos a empezar de nuevo?
EDNA.- ¿De qué quieres hablar? ¿De libros?
JOE.- Te voy a dar una cahetada.
EDNA.- No, no lo vas a hacer.
JOE.- Edna, escúchame; a veces me sacas de mis casillas.
EDNA.- Mírame, estoy muerta de risa.
JOE.- No me insultes, Edna. ¿Qué puedo hacer si la época es mala? ¿Qué diablos quieres que haga? ¿Que me tire al río?
EDNA.- ¡No grites! recién acosté a los niños para que no se den cuenta de que no hay cena. Y si no le arreglo los zapatos a Emmy, mañana no podrá ir al colegio. Por lo menos, déjala dormir.
JOE.- Querida, hoy trabajé toda la tarde… anduve cinco horas sin un pasajero. Es la crisis.
EDNA.- Cuéntaselo al de los muebles.
JOE.- El taxi marcaba 2,20. Edna, una mujer andaba con un perro y estaba algo borracha… me dio 25 centavos de propina ¡por equivocación! Escúchame, estamos llenos de oro.
EDNA.- ¿Sí? ¡Cuánto?
JOE.- Tomé un completo en una lechería: un dólar con cuatro.
EDNA.- Sí, mañana vence el segundo mes de alquiler.
JOE.- No me mires así, Edna.
EDNA.-No te estoy mirando. Estoy mirando a través de ti… Pensar que todo iba a ser tan lindo! Un chalecito junto al arroyo y rosas en primavera… Eres un fracasado, Joe. Y estás loco si crees que lo voy a soportar mucho más.
JOE.- Si pudiera, buscaría otro trabajo. Pero no hay trabajo… ¿No lo sabes?
EDNA.- Hemos tocado fondo. Es lo único que sé.
JOE.- ¿Qué puedo hacer?
EDNA.- ¿Quién es el hombre en esta casa? ¡Tú o yo?
JOE.- Esa no es un respuesta ¿Por qué no me ayudas? ¡Dios! ¿No me vas a ayudar? En todo el día no he tomado más que un café con leche. Yo también tengo hambre. me rompería las manos trabajando si…
EDNA.- Voy a abrir una lata de sardinas.
JOE.- No. Ahora me vas a decir qué es lo que quieres que haga.
EDNA.- No soy dios.
JOE.- Quisiera volver a los diez años y no tener que pensar el el próximo minuto.
EDNA.- Sí, pero no tienes diez años y tienes que pensar en el próximo minuto. Y tienes dos hijos durmiendo en la habitación de al lado. Y necesitan comida. Y ropa. Y zapatos. Durante cinco años me he pasado las noches despierta oyendo latir mi corazón… ¿Por qué no se juntan todos? ¿Por qué no hacen una huelga pidiendo aumento? Papá hizo una durante la guerra y le aumentaron. ¿No ves que me estoy volviendo una vieja bruja?
JOE.- Las huelgas no sirven.
EDNA.- ¿Quién lo dijo?
JOE.-Además, eso significa que mientras dure no ves un centavo. Y cuando se acaba, la compañía te despide.
EDNA.- Bueno, supongamos que te despiden ¿Qué pierdes?
JOE.- Ahora estamos sacando entre seis y siete dólares por semana.
EDNA.- Sí, el alquiler.
JOE.- Ya es algo, Edna.
EDNA.- No, no es algo. Si os van a seguir aplastando. Y os van a llegar a pagar tres o cuatro dólares por semana antes de que os deis cuenta. Y cuando ganes tres dólares por semana también vas a decir: ¡peor es nada!
JOE.- Hay demasiados taxis por las calles. Eso es lo que pasa.
EDNA.- ¡Pero grandísimo tonto! Deja que la compañía se preocupe por eso. ¿No te das cuenta de que si los txis no dieran dinero, los meterían en el garaje? O crees que la empresa funciona nada más que para pagarle el alquiler a Joe Mitchell.
JOE.- No entiendes nada de negocios, Edna.
EDNA.- No, pero entiendo esto: tu patrón nos está explotando a todos. Y no sólo a vosotros, sino también a vuestras mujeres y a vuestros hijos que van a crecer raquíticos y desnutridos. ¿No ves cómo los niños se resfrían continuamente? Parecen fantasmas. Betty no ha visto un pomelo en su vida. El otro día la llevé a la frutería y vió un cajón de pomelos y me preguntó: “¿Qué es eso?” Por Dios, Joe. ¿No comprendes que el mundo debe ser para todos?
JOE.- Los vas a despertar, Edna.
EDNA.- No me importa, si también te despierto a ti.
JOE.- Un hombre solo no puede hacer una huelga.
EDNA.- ¿Y quién dijo un hombre? Son muchos en esa porquería de sindicato que tienen
JOE.- El sindicato no es una porquería.
EDNA.- ¿No? ¿Qué hace? Cobra la mensualidad y te palmea en la espalda.
JOE.- Están haciendo planes.
EDNA.-¿Ah, sí? ¿Qué planes?
JOE.- No sé. No nos lo dicen.
EDNA.- ¿Así que esos hombres malos no le quieren contar al pobrecito de Joe los planecitos que tienen para el sindicato? ¿Pero qué es esto? ¿Una compañía de boy-scouts?
JOE.- Sabes muy bien que son pistoleros. Los que dirigen te meten cuatro tiros por una moneda de cinco.
EDNA.- ¿Y por qué aguantas eso?
JOE.- ¿No me quieres vervivo?
EDNA.- No… Me parece que no, Joe. Si no eres capaz de levantar un dedo para arregalar nuestra situación, entonces, no me importas.
JOE.- Pero… no compresdes querida…
EDNA.- ¡No me importa! Ni tú ni todos esos cobardes que no quieren pelear. ¡Que los maten y los hagan picadillo! ¡A mi me importan mis hijos, mi casa, mi marido! ¡Quiero un futuro, Joe! ¡Y alguna vez tendremos que empezar a pelear por que llegue de una maldita vez!

EDNA SE DA LA VUELTA Y SE METE EN LA HABITACIÓN DE LOS NIÑOS. ANTES DE ENTRAR MIRA A JOE. JOE MIRA A EDNA. JOE QUEDA SÓLO EN ESCENA, JUNTO CON SUS PENSAMIENTOS.



ESCENA 3

Casa de los PADRES de EDNA. ROSCOE se encuentra en una butaca, viendo la televisión. Los niños se encuentran junto a él tratando de llamar su atención.

ROSCOE.- (Gritando) ¡Edna, dile a tus hijos que dejen de molestar! Así no hay forma de ver el partido…

EDNA sale de la cocina con un delantal y unas manoplas.

EDNA.- (A los niños) ¡Vamos, vamos, dejad al abuelo! ¿Queréis venir a tomar un poco de pastel de carne?
JIMMY.- ¡No! ¡Está asqueroso! ¡La abuela no sabe cocinar!
LUCILLE .- ¡Llevamos dos semanas comiendo los mismos platos!
EDNA.- ¡Basta! ¡No ofendáis con vuestras palabras!

MARGARET sale de la cocina vestida también con ropa de faena.

MARGARET.- Si no os gusta os vais a un comedor social… O, mejor aún, le decís a vuestro padre que trabaje en algo. ¡Es un vago redomado!
EDNA.- ¡Mamá, por favor! A Joe le echaron del trabajo hace dos semanas y todavía no ha tenido tiempo de encontrar nada…
ROSCOE.- Yo en sus tiempos ya habría encontrado dos trabajos…
EDNA.- ¡Basta, papá! Sois injustos con Joe…
MARGARET.- De verdad, no sé lo que viste en él… No ha hecho más que llevarte por el camino de la amargura…
EDNA.- ¡Soy mayorcita y sé lo que hago! ¡Claro que a vosotros os habría encantado que hubiese encontrado a un príncipe de la realeza!
ROSCOE.- Con que ganara billetes bateando me habría valido, querida…
EDNA.- Escuchadme… Sé que os tengo que estar eternamente agradecida por habernos acogido en vuestra casa al habernos quedado sin piso… Pero lo que no voy a permitir es que os metáis en mi vida privada…
MARGARET.- ¿Privada? Aquí, en esta casa, ninguno tenemos intimidad… Ni siquiera esas criaturitas, tan inconscientes como son…

JOE entra en el piso. Viene con un pan debajo del brazo y con cuatro periódicos.

ROSCOE.- Vaya, el que faltaba…
JOE.- Buenas tardes…
EDNA.- (Besándole) ¿Qué tal, cariño?
JOE.- He cogido los periódicos por si encuentro alguna oferta de trabajo…
EDNA.- (A sus padres) ¿Veis? ¡Joe es bueno, está haciendo por mejorar la situación!
ROSCOE.- Comprando el periódico con el dinero de mi jubilación… Así yo también me busco un futuro…

LUCILLE se acerca hasta su padre y trata de quitarle el pan. JOE se resiste pero al final ella acaba arrebatándoselo. Abre el papel y descubre parte de la barra a la que le falta una parte.

LUCILLE.- Papá, te has comido parte del pan…
MARGARET.- Pero… ¿Es posible?
EDNA.- Lo diré yo porque él seguro que no se atreve… Joe ayer no cenó, lo hizo para ahorraros gastos… Se siente culpable…
JOE.- Bueno, bueno, ya está bien… (Abre uno de los periódicos, que aparece enteramente subrayado) Escuchad, he leído por encima que buscan trabajadores para una nueva fábrica que ha abierto en las afueras…
ROSCOE.- Ah, sí… Olvídalo, Joe… Allí no buscan a tipos como tú… Buscan experiencia en cosas que tú no has tocado ni de refilón ¿entiendes?
JOE.- (Encarándose a ROSCOE) Yo entiendo de muchas más cosas de las que cree… ¡Usted sí que lo tendría complicado en la actualidad con su pobre experiencia!
EDNA.- ¡Joe, por Dios!
MARGARET.- ¡Oye, chico! ¿Quién te crees que eres para hablarle así a mi marido? Es más ¿cómo te atreves a morder la mano de quien te da de comer?
JOE.- ¡Si no lo dice revienta, señora! ¿Va a estar siempre restregándonos por la cara lo de que estamos viviendo en su casa? ¡Que sepa que para una madre la primera obligación es ocuparse de su hija!
ROSCOE.- Sí, pero no de un gandul como tú y de dos niños malcriados…
EDNA.- Oye, papá, no…
JOE.- ¡Sí, hombre! Déjale que hable y se desenmascare… ¿Saben lo que les digo? Que nos vamos de aquí… No necesitamos limosnas…
MARGARET.- ¡Eso, eso, iros directos a un hospicio!
JOE.- (Cogiéndola del brazo) ¡Vamos, Edna! Avisa a los niños…
EDNA.- ¿Qué haces?
JOE.- Todavía tenemos dignidad…
EDNA.- Eso, tú primero la dignidad antes que nada… ¡Vámonos a vivir debajo de un puente con tu puñetera dignidad!
JOE.- ¿Piensas quedarte aquí después de todo esto?
EDNA.- Joe, son mis padres… Además, están los niños… ¿Crees que ahora estamos para aventuras?
MARGARET.- Di que sí, hija mía. Hay que tener dos dedos de frente para algunas cosas…
JOE.- (Mira con cara de odio a MARGARET y después se dirige a EDNA) Si tú no vas, me iré yo solo de aquí…

EDNA se queda callada.

ROSCOE.- ¡Adelante, la puerta está abierta!

JOE mira a EDNA, que le mira suplicándole, a punto de echarse a llorar.

JOE.- Muy bien, buenas tardes…

JOE se marcha.

ROSCOE.- (Indicando el pan y el periódico que JOE lleva bajo el brazo) ¡Joe, deja esas cosas sobre la mesa! No son tuyas…
EDNA.- ¡Padre!

JOE obedece y las deposita. Luego se marcha.

MARGARET.- (A EDNA) ¿Te lo dije o no? Esto iba a acabar mal…
LUCILLE.- (A JIMMY) ¿Dónde va papá?

JIMMY.- ¿No lo has oído? ¡A vivir debajo de un puente!

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