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PÁJARO DEL ATARDECER

>> miércoles, 5 de junio de 2013


Ayer te volviste a posar en la baranda de mi ventana
¿Por qué siempre a esta hora, en este lugar?
Siempre atareado, no te puedo atender
¿Acaso me necesitas?... o… ¿Qué me debes?
Hay muchas más casas en las que posarse y descansar.

Parece que solo puedes existir en esta hora
Porque el resto del día, para mí, desapareces.
Son las siete de la tarde, la hora que te ha concebido,
Y vuelves a distraerme de mis ocupaciones,
Por un momento, me concedes un descanso.

Eres solo un punto de atención, negro,
Como el vuelo de una mosca, que tampoco quiere de mí nada.
Y es cuando consigues que construya un pensamiento acerca de ti,
Cuando logras que me centre en tus volátiles motivaciones
Cuando levantas el vuelo y te vas, como una cruel burla.

A diferencia del cuervo de Poe, tú me das la espalda,
Quizá buscas este lugar, pero no me quieres a mí.
A lo mejor, igual que hay diferentes tiempos en el mundo
Como la salida y la puesta del sol, la duración de cocción
De un huevo duro, tú tienes tu propio tiempo, y yo no lo comprendo.

Tú seguirás apareciendo, aunque no te importe que no comprenda.
Tú tienes tu biografía, y yo la mía, dejémoslo ahí.
Volvamos al trabajo, posemos la mirada en la pantalla,
Retomemos la escritura, los trabajos atrasados, el vaso medio vacío,
La relectura de textos pesados, del estudio de dogmas absurdos.

Se acabó el tiempo de desentrañar formas de nubes, de ver la evolución
De las flores allí en el jardín, de escuchar los sonidos de los pisos vecinos,
De colorear imágenes en blanco y negro, de elucubrar sobre imposibles,
De inventar sobre papel mojado, de pensar escribiendo con un palo en la arena.

A cada cosa su momento; ahora, toca esperar a la noche.    

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