Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

VIDA Y OBRA DE OTRO HOMBRE MEDIOCRE (Microrrelato)

>> jueves, 6 de junio de 2013


Su nombre estaba condenado a pasar a formar parte de las enciclopedias de literatura más prestigiosas. Él, cuyo proverbial manejo de la lengua le había hecho traspasar fronteras. Pero la cosa no se quedaba tan solo en la forma, sino que llegaba con sobresaliente al contenido: sus historias resultaban magistrales, consiguiendo que la persona más desinteresada por la literatura y por el mundo en general, acabase recobrando el interés perdido por todo.
No debemos quitarle mérito a su tarea, pero él... él era un genio con pies de barro.
Si la gente conociese la verdad… La pregunta es: ¿Deben conocerla? Quizás sería cruel desmitificar a la persona que tantas alegrías ha dado al mundo de la cultura. El problema reside en que la gente no quiere suficientemente a la cultura. Si la amase como es debido leyendo más, hace tiempo que habrían descubierto la trampa que se escondía tras este farsante.
Aquel hombre vivía del pasado literario. En realidad todos los escritores beben, para inspirarse, de estas fuentes que les brindan los grandes genios. Pero él lo hacía literal y literariamente. Sacaba sus grandes tijeras, recortaba fragmentos maravillosos de otros libros y los iba ensamblando. Como ya he dicho anteriormente, no hay que quitarle mérito a este trabajo, pues solo quien posee un gusto exquisito en cuestiones literarias sabe apreciar dónde está lo bueno (eso sí, para luego aprovecharse vilmente de estos descubrimientos). Y no solo sabía apreciar la calidad, sino que era capaz de ensamblarla en sus pequeños ejemplos para constituir una nueva historia. Él construía criaturas partiendo de trozos de grandes obras maestras. Esa era su labor. Cuando la gente leía “su obra”, en realidad estaba leyendo un gazpacho cocinado con trozos de Tolstoi, Mann, Kafka y Sarte. Ellos eran sus verduras.

        

0 comentarios:

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP