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ESCRIBIR POR ENCARGO

>> lunes, 29 de julio de 2013

Mi prima me pidió aquella tarde que escribiera un cuento de vestidos largos y de amor. Una historia de época que acabase bien y que fuese larga. Un nuevo "Orgullo y prejuicio".
-¿De cuántas páginas?
-Da igual.
-¿Y cómo voy a inspirarme aquí, en una terraza de un piso de Benidorm, donde no existe la palabra "silencio"?
Hace medio año, escribí la adaptación de un cuento de Horacio Quiroga que se titulaba "El almohadón de plumas". Concebido como un guión cinematográfico que sirviera de base para un supuesto cortometraje, la historia acabó siendo tan infiel al texto original que ahora solo podría figurar en los títulos de crédito como "Inspirada libremente en..." Me había permitido ciertas licencias: quité a la extraña criatura del relato e introduje a un personaje inspirado en el de "La Regenta" (algún día tendré que leer ese libro), un joven clérigo que acaba enamorándose de la protagonista. Un descreído, como San Manuel Bueno, mártir (ese sí lo leí).
-Escribes sobre tu prima, no sobre lo que te pide tu prima, y eso no es justo- me dice mientras escribo estas líneas, sospechando el motivo real en el que me estoy inspirando, alejado de lo que ella en realidad esperaba.
Vayamos, pues, al grano.
-¿Cómo dices que es la protagonista?
- Es un chicazo. No es la típica repipi. A lo mejor es pobre y puede que no sea muy guapa, pero se las sabe todas y eso hace que los hombres se asusten y a la vez se interesen por ella.
-Entonces es como Jo, la de "Mujercitas"...
- Sí, una mezcla entre esa y Elizabeth Bennet... Ahora te diré cómo viste: luce un vestido sencillo y blanco, como los que lucía Maria Antonieta cuando iba a su casita de campo. ¡Adoro las biografías de las princesas! Sissí, la última zarina de Rusia... Bueno, que sepas que además la protagonista tiene que parecerse a mí, ya que voy a ser yo la que lea la historia. ¿De acuerdo? A ver... ¿en qué estábamos? ¡Ah, sí! Maria Antonietta. Ya sabes, su marido se iba de caza por ahí y ella se hizo construír una casa en el campo. Se iba allí con sus damas y sus niñas. Y esto es lo más importante: se ponía vestidos frescos, blancos y sencillos... los de toda la vida.
- Ya... ¿Y querrás que haya un chico, no?
-Mejor dos chicos. Dos polos opuestos pero a la vez deben ser parecidos.
-Mucho pides tú, ¿eh?
-Hay que ser exigentes... Se han escrito ya tantas historias que hay que ser originales. No importan tanto lo que escribes sino cómo lo escribes. Cada uno tiene su forma de escribir, de componer canciones... de soñar. En realidad, hay mucho inepto que no hace lo que le gusta sino lo que los demás esperan de ellos. Por eso escriben, porque escriben lo que les gustaría hacer y no pueden o no quieren, que en este caso es lo mismo. Los que en lugar de escribir llevan a cabo sus deseos son las personas felices. El resto son los ineptos, los amargados. Animales de costumbres.
Después de esta lección de filosofía, la chica de dieciocho años mira a su primo de veinticinco.
-Oye, no me despistes... ¿Qué pasa con el chico o con los chicos?
-No sé, dime tú...
-Pues lo que se lleva ahora. Lo típico. El bueno, soso y tonto. De él se enamorará al principio la chica. Y el malo, sexy. Poco a poco, la chica cambiará su objeto de deseo e irá fijándose en el chico malo y, a medida que le vaya conociendo, descubrirá que en el fondo no es malo...
- ¿Y el bueno? ¿Qué pasará con él?
-Pues que se volverá malo porque es un infeliz... o puede que se vaya con la amiga fea de la chica... Y luego tiene que haber un obstáculo. Si no, el libro termina rápido.
-Hay una guerra...
-O la relación entre chico y chica que no puede ser por diferencia de dinero, o de clase, o porque los padres que se oponen... O el chico puede palmarla... O pueden separarse y luego volverse a encontrar. ¡Y tiene que hqaber bailes y fiestas!
-Pues ya me lo has contado todo. Ya tienes lo que querías ¿no? ¿Para qué quieres que lo escriba? Conoces la historia mejor que yo. ¡Escríbela tú!
-No, se me da mal escribir. No todo el mundo escribe bien, hay que saber contar las cosas.
- ¿Y quién te dice que yo...?
- De esto sí. De lo que he leído tuyo, lo que más me ha gustado ha sido "El almohadón de plumas"...
-Pues ni siquiera es una historia original mía...
-Ya, y esta historia que te estoy pidiendo que escribas se me ha ocurrido a mí. Por eso sé que puedes hacerlo, porque sé que ya has hecho esto antes y lo has hecho muy bien...
-No sé si me interesa escribir esta historia...
-Lo harás.
-¿Por qué?
-Porque lo digo yo.
-¿Y qué gano escribiendo yo esta historia, vamos a ver?
-Satisfacción personal, hacer feliz a más gente... y vivir cosas que de otro modo no podrías vivir...
-Pero aún así no podrías vivirlas... A no ser que inventasen la máquina del tiempo... Eso me excluye del resto de fracasados de los que hablas. Yo tengo la excusa perfecta.
-Da igual la época. La historia de fonfo es una historia universal. Una historia de amor. Seguramente tú no irías a hablar con esa chica ni harías lo que hace el chico malo... Ya sabes, "vergüenza" y "qué dirán"... Hoy mismo podías haber ido a hablar con esa chica de la plataforma en el mar y no has ido ¿eh? ¿Por qué no, señor Mateo? Por lo visto, es mejor escribir con pseudónimo, poner en boca de otros los que tú nunca te atreverías a decir.
-Se me están quitando las ganas de escribir...
- No te agobies. Sé que ahora ya no es un cuento, ahora es un libro entero lo que tienes por delante. Tienes toda la vida para escribirlo, no sólo esta tarde...
-Sí... Ya tengo título: "La novela de un impotente"...

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