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BODA EN CINEMASCOPE

>> jueves, 15 de agosto de 2013


Quedaban diez minutos para que diese comienzo la ceremonia. Estaban todos colocados en sus respectivos sitios: los suegros, los cuñados, los tíos y sobrinos, los primos cercanos y lejanos, los amigos. Por estar, estaba hasta la novia. Sólo faltaba él. Todo el mundo se preguntaba qué es lo que le podía haber sucedido. Uno dijo: “Yo le vi llegar, lo juro…” Otro “Con lo puntual que es y lo serio para estas cosas…” IY siempre estaba el que no se cansaba de repetir aquello de “No lo entiendo…”
Adolfo no estaba tan lejos. Se encontraba fuera de la ermita, con su compañero de trabajo de la tienda de revelado. Los dos estaban correctamente vestidos con sus fracs y hasta su flor en el ojal. Adolfo se encontraba dándole órdenes a su amigo Jaime, el cual portaba una pequeña cámara de video y se encontraba filmando unos planos.
-         Ahora saca uno de los jardines desde esta parte, con el nogal en primer plano… Eso es, que quede perfectamente encuadrado el camino a la rosaleda…
-         Adolfo, creo que deberías de entrar ya… No te preocupes, que yo te sigo y grabo todo lo que pase… Ya sabes, en plan travelling…
-         ¡Pero qué dices! ¡Estas cosas hay que hacerlas bien o no se hacen! ¿No ves que si no sale no puede volver a repetirse? ¡Es una película rodada en una sola toma! Cinema verité ¿comprendes? Ya verás, va a quedar una película estupenda…
-         Si yo no digo que no… Pero el protagonista tiene que estar donde tiene que estar… Si no, el guión puede cambiar…
-         ¿Qué va a cambiar? ¡Está todo controlado!
-         Adolfo, por favor… Entra en la iglesia ahora mismo.
-         Está bien, está bien… Pero recuerda las indicaciones que te he dado.
-         Que sí, que sí, joder… ¿Quieres marcharte ya?
Adolfo lamentó que la música de órgano hubiese comenzado a ser interpretada. No le quedaría más remedio que meterla en montaje, en plena fase de posproducción. No había cosa que más le molestase que tener que falsear la realidad. Finalmente entró, con Jaime discretamente siguiéndole cámara en mano.
Los invitados no podían dar crédito a lo que estaba sucediendo. Adolfo comenzó a caminar de forma extraña, tratando de que Jaime pudiese captar sus movimientos yendo a su ritmo. Se colocó frente al altar, al lado de su futura esposa, arrodillándose en el reclinatorio.
El cura comenzó su discurso.
-         Perdone padre, pero… ¿le importaría volver a empezar? Mi compañero me está dando indicaciones de que se está quedando sin batería y tiene que reponerla… Será cuestión de un momento solo… Espere ¿eh? Ya, cuando quiera.
-         Estamos aquí reunidos para celebrar la feliz unión entre nuestros hermanos Eva y Adolfo…
-         Perdone de nuevo. Repita nuestros nombres para que mi amigo le pueda sacar un primer plano… Luego, lo vuelve a decir pero saliendo nosotros con su voz de fondo…
El suegro de Adolfo no aguantó más y tuvo que poner orden:
-         ¡Adolfo, hombre, que esto es una cosa seria! Déjate de bobadas, luego si quieres venimos otro día y nos grabas aparte, pero hoy guarda la cámara, anda…
-         Señor Justo, si va a ser cosa de un momento…
La mujer de don Justo intervino tratando de conciliar posturas:
-         Mi marido te lo dice con razón… No es por nosotros… ¡Mira cómo tienes a Eva, que está a punto de llorar!
Y Eva habló:
- ¡Adolfo, por Dios! Dile a tu amigo que apague la cámara o se la rompo yo de un golpe…
Jaime había dejado de grabar hacía tiempo. Todo este material último filmado solo serviría de tomas falsas. Pero Eva no dejó de hablar.
-         ¡Me tienes hasta las narices con tu afición por el cine! Te lo he permitido todo este tiempo porque estaba enamorada y ya sabes las tonterías que se consienten estando en ese estado… ¡Pero lo que no esperaba es que llevaras esto hasta las últimas consecuencias!
Adolfo tardó un momento en reaccionar:
-         ¡Jaime, por Dios! ¡Tenías que haber grabado esto! ¡Esto sí que es real, dramatismo puro!

Eva se levantó, le soltó un tortazo a Adolfo y se marchó de la iglesia. El organista comenzó a tocar algo para tratar de quitar dramatismo al asunto. Una pieza ligera, un número de “El sueño de una noche de verano” distinto al de la Marcha Nupcial antes interpretada.  

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