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PIERROT Y COLOMBINA

>> domingo, 22 de septiembre de 2013

Un baile de máscaras en el viejo casino de un pueblo. Desde fuera, se puede percibir el sonido de la música y el griterío de los que allí han sido convocados.
Por lo demás, hace una noche tranquila. Nadie queda ya transitando los soportales que sustentan los viejos edificios. Es ya tarde y solo la juventud se mantiene despierta, solicitando aún diversión para su infatigable espíritu.
Por el arco donde desemboca la Calle Mayor, una mujer disfrazada de Colombina se dirige al baile, guiada por los ecos de la fiesta. Se queda unos instantes observando los farolillos que cuelgan de las fachadas, signo inequívoco de que la villa se encuentra de fiesta. Es el carnaval.
Protegiéndola del frío aún invernal, un chal le cubre los hombros, apenas abrigados por un vestido que, más que abrigar, adorna.
la canción que hasta ese momento había estado sonando ha llegado a su final. Por unos instantes, todo parece quedar en silencio.
La joven dirige su mirada hacia el lugar de su destino y encamina sus pasos hacia allí, tras este breve descanso.
Dentro del local, reina un alegre desorden: el confeti danza por aquí y por allá, inundando el aire con sus ráfagas multicolores. Botellas de champan vierten su contenido espumoso tras el restallar de sus corchos, como disparos de cañón que envían sus salvas a un lugar indeterminado del cielo. Matasuegras, cantos desafinados y voces provenientes de sujetos desinibidos terminan de conformar aquel fresco digno de los pinces de Tolouse Lautrec.
Ella cruza el salón decidida, poniendo su atención en cada uno de los personajes que habitan la escena.
Se había citado con un hombre. El día en que ambos se conocieron, quedaron en disfrazarse de un modo muy particular para que, llegado el momento, pudieran reconocerse más fácilmente.
"Seré para ti Pierrot" le dijo él antes de despedirse, a lo que ella contestó: "Y yo Colombina".
En ello piensa mientras va cruzándose en su camino de búsqueda con un Mefistófeles, un Julio César, un torero, un Napoleón y una Cleopatra.
Por fin le encuentra. Está como apartado de los demás, inquieto como ella, oteando el horizonte en pos de otro personaje (que indudablemente tenía que ser ella, Colombina).
Una vez está junto a él, Colombina se quita su máscara.
"¿Me buscabas?"
Pierrot también se desenmascara. La cara de ella refleja asombro. El hombre mantiene su sonrisa, a pesar de que ésta se vuelve cada vez más y más gélida.  Le pregunta entonces "¿qué te sucede?" al no comprender su actitud.

- Tú no eres quien yo buscaba...
- ¿Pero como que no? ¡No digas tonterías!
- ¡Te digo que no! ¡Yo no he quedado contigo! La persona con la que me había citado no tenía esa voz...
- Quizá esté un poco afónico... He bebido y cantado en exceso...
- Tampoco tenías bigote...
- Me lo he dejado crecer en todo este tiempo que ha pasado... ¿Qué tiene de extraño?
- Tú tienes otra personalidad...
- ¿Cómo puedes estar tan segura? Apenas he podido hablar contigo ahora...
- Es extraño porque es como si fueras y no fueras tú...
Colombina se da la vuelta con intención de marcharse, pero Pierrot le detiene agarrándole por el brazo.
- ¡Suéltame!
- Espera... No te vayas, por favor...
- ¿Me vas a sacar de dudas? ¡Esto es una locura!
- Verás, Julia... Yo soy y no soy a quien tú buscas, en efecto... Él se llama Juan y yo José. Empezamos por "J" y tenemos cuatro letras. Pero él no te quiere y yo a ti sí...
- ¿Cómo dices?
- Somos gemelos. Él ha estado jugando contigo... Yo, en cambio, te he admirado siempre.
- Tú no me conoces...
- Más que tú a mí...
- Pero...
- Por favor, dame una oportunidad. ¡Bailemos un vals!

Suena "El Danubio Azul". La orquesta interpreta en este momento su tema principal.

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