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JESÚS GURIDI Y SU "HOMENAJE A WALT DISNEY"

>> viernes, 4 de octubre de 2013


El compositor Jesús Guridi, al piano

Dentro de los escritos que Prokofiev tiene sobre música, existe un apartado dedicado al sentido mismo de la obra compuesta y de su traducción por parte del espectador. Según el compositor ruso, la obra en cuestión debería de decir ya suficiente a quien la escuchase sin necesidad de tener que conocer la historia de su composición. La música debería de tener entidad por sí sola, por tanto. En muchos casos, la obra escapa de las intenciones de su propio autor y adquiere otros significados, evocando diferentes sensaciones en quienes la reciben. Cada individuo, al tener subjetividad propia, procesa de un modo diferente dicha experiencia.


Cuenta la leyenda que los ocelos que los pavos reales ostentan en sus colas son en realidad los mil ojos de Argos, aquel guardián de la mitología griega tan efectivo que no se perdía nada de lo que ocurría a su alrededor. Argos poseía esa mirada móvil de la que carecía Polifemo, otro gigante aunque tan solo cíclope.

Quien está acostumbrado a mirar hacia afuera y no hacia dentro, poseerá sin duda una menor riqueza, en tanto en cuanto no se conocerá realmente a sí mismo (y, por tanto, desconocerá también sus propios tesoros). Cuentan que los grandes narradores de historias eran casualmente ciegos, como Homero. Él imaginó al tener que prescindir de conocer la realidad tal y como era a través de los ojos. Él fue un gran memorizador, otra cualidad que, con la aparición de la escritura, comenzó a devaluarse. La gente ya no tenía necesidad de retener las cosas al tenerlas disponibles en los libros. Sócrates desconfió, no obstante, de esta palabra escrita. Cuentan que solo en una ocasión trató de trazar unas palabras. Se encontraba en una playa y decidió escribir sobre la arena, con un palo. Cuando el agua borró el texto inscrito en el suelo, dijo. “¿Y para esto es lo que sirve la escritura?”

Pero volvamos a la fantasía de Homero. Quizá el universo musical podía llegarle como un mundo posible capaz de espolear su creatividad. Él podría imaginarse atmósferas y escenas gracias a una forminge bien tañida. La música tiene ese poder, de ello no cabe ninguna duda. Debería ser capaz de evocar cosas bien concretas, paisajes de la naturaleza definidos gracias a la maestría del músico, en este caso compositor. Un bosque en la sinfonía pastoral de Beethoven o en el ballet de Daphnis y Chloé de Ravel, por ejemplo. Músicas tan diferentes (romántica e impresionista) pero con un fin común: situar al espectador en una historia.

Hace tiempo, buscando en el repertorio del compositor vasco Jesús Guridi, encontré una obra que aún hoy sigo redescubriendo con cada audición. “Homenaje a Walt Disney” es una composición realizada en plena etapa de madurez, pocos años antes de su muerte. Fue presentada a concurso y ganó el premio que se ofertaba. Un compositor de la talla de Guridi, que ya había demostrado su valía con partituras como “El caserío”, “Diez melodías vascas” o “Una aventura de don Quijote”, se vió en la obligación de tener que continuar sobreviviendo presentándose a este tipo de certámenes que estaban por debajo de su altura. Quizá temiera acabar sus años injustamente como Meliès, el cual de ser el gran mago del cine pasó a ser un vendedor de juguetes en una estación de tren. En esta maravillosa obra que es en realidad un concierto para piano y orquesta, Guridi compagina la música más tradicional con aquella más vanguardista, como ya hicieron algunos de sus contemporáneos enclavados también en la tradición musical española. Por ejemplo, Manuel de Falla con su concierto para clave y cinco instrumentos, que cuentan que tuvo que volver a dirigir por segunda vez en el mismo día del estreno porque el público pareció no entenderlo a la primera.

Si Falla bebió de la música tradicional andaluza, Guridi tiró siempre para su Euskadi. Incluso en esta obra de título tan internacional, de tintes tan hollywoodiensemente americanos, podemos encontrar retazos de ritmos folclóricos eminentemente vascos.

A lo largo de toda la obra, se palpa una atmósfera misteriosa que nos evoca a una oscuridad de la que emerge la creación artística. En el caso de Disney, la concepción de sus dibujos animados. Como el aprendiz de brujo de "Fantasía", Guridi es ese mago que, jugando con la alquimia, logra conformar dibujos en el aire, pequeños extractos que pujan por adquirir una forma continuada pero que se van desvaneciendo para dejar paso a otros. Asistimos como oyentes a toda una serie de momentos evocadores como ya he dicho antes “maravillosos”. De alguna forma, parece decirnos que todo este universo infantil es en realidad una cosa muy seria, ya que los niños lo son también.

El compositor y director de orquesta Jesús Arámbarri


Con una duración de más de veinte minutos, el “Homenaje a Walt Disney” en versión de Jesús Arámbarri a la batuta dirigiendo a la orquesta nacional y con Pilar Bayona al piano, resulta una auténtica joya discográfica. En el mismo disco reeditado por Emi, se incluyen también otras obras del maestro: las Diez melodías vascas y un extracto de su magna obra “Amaya” (inspirada en el libro que trata de explicar los orígenes del país vasco), que sirvió también como banda sonora de un film de Luis Marquina que dejó mucho que desear (lo mismo sucedió con otras partituras cinematográficas como las de Pablo Sorozábal, tristemente, a excepción de algún caso como el de “Marcelino pan y vino”). Arámbarri fue discípulo de Guridi. Quién mejor que él para llevar a cabo la interpretación de sus obras. Arámbarri murió relativamente joven y con las botas puestas, en mitad de un concierto, con la batuta en alto. Recuerdo a mi abuelo decir que escuchó por primera vez “La consagración de la primavera” dirigida por él en el kiosco del Retiro. A Guridi también tuvo la oportunidad de escucharlo tocar el órgano en la iglesia de San Manuel y san Benito, enfrente también del Retiro.

Merece la pena redescubrir a compositores españoles prácticamente olvidados y que tanto hicieron por conducir los derroteros musicales de este país hacia la digna actualidad en la que se encuentra.

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