Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

LECCIÓN EN LHARDY

>> jueves, 10 de octubre de 2013



Era una mañana de invierno en la Puerta del Sol. El padre iba con el niño en dirección a la Plaza de Canalejas, subiendo por la Carrera de San Jerónimo.

-       Antes de volver a casa, podríamos tomar un caldo en Lhardy…
-       ¿Qué es eso?
-       Uno de los establecimientos más antiguos de Madrid. Ya verás, te va a gustar…

Cruzaron a la acera de la derecha y entraron por la puerta de un escaparate de madera.  Dentro del establecimiento, había mostradores tras los que una serie de dependientes atendían a los clientes que iban entrando. En algunas vitrinas se mostraban productos artesanales típicos de Madrid que resultaban difíciles de encontrar en lugares habituales. Tras aquellos cristales y de tal forma presentados, parecían auténticas reliquias del pasado, aún más atractivas precisamente por su rareza (y por su peligro de extinción, como si se tratasen de huevos de Dodo).
El padre condujo al niño hacia el fondo, donde se encontraban las mesas en las que podían degustarse los productos del local sin necesidad de llevárselos empaquetados. En una esquina había una especie de autoservicio compuesto por un grifo rodeado de tazas. De ahí salía el famoso caldo de cocido de Lhardy. El niño, emocionado, pidió servirlo. ¡Con qué poco se contentaba! Resultaba un muchacho fácil de sorprender y contentar.

-       Tómatelo con calma, porque esto llena…
-       ¿Ah, sí?
-       ¡Claro! Posee la esencia de un cocido pero sin ser cocido… El jugo del morcillo, de los garbanzos, del chorizo, del tocino… En realidad es como si comieras bebiendo…

Al padre le encantaba llenar de fantasías la cabeza de su hijo. Las invenciones del padre iban encadenadas y en progreso, por lo que el caldo del cocido le llevó a otro cuento chino todavía más increíble:

-       ¿Tú sabes de dónde viene lo de “sopa de letras”? Pues de una costumbre que se tenía antes de beberse los libros… Lo de “beberse un libro” también lo has oído ¿no? Pues viene de lo mismo… Antes la gente se nutría de la esencia de las cosas de forma más natural… Cuando a alguien le costaba estudiarse el contenido de un libro, a veces lo que hacía era ponerlo a cocer con un poco de agua, hasta que la tinta se desprendía de las hojas y caía en el caldo… luego se lo bebía y todo el saber del texto quedaba ya interiorizado dentro del cuerpo…

En aquel momento, un famoso arquitecto había hecho acto de presencia en el local.

-       Mira hijo, ese señor es famoso por los edificios que ha construido… Tiene fama de ser uno de los mejores diseñadores de casas del lugar… ¿Y sabes cómo ha llegado a saber tanto? Pues bebiéndose todos los días dos tazas de compendios de arquitectura… Es un sabio porque bebe…
-       Oye papá… ¿Y tú crees que yo podré llegar a ser un gran dibujante bebiendo…?
-       No, hijo. Tu mano no va a aprender a hacer trazos como debe bebiendo caldos… ¿Es que no lo entiendes?

Su padre tenía toda la razón. Ningún caldo podría contener el contenido de un texto práctico, pues era evidente que todo libro se quedaba siempre en lo teórico y era el individuo quien debía aplicar sus conocimientos haciendo cosas físicas.
    

0 comentarios:

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP