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" PNIN", DE VLADIMIR NABOKOV

>> miércoles, 1 de enero de 2014

Edición al inglés de la novela "Pnin" De Nabokov

Desde el punto de vista de la interculturalidad literaria, numerosos han sido los casos en los que la experiencia vivida en un nuevo país ha quedado reflejado por parte de sus protagonistas de forma escrita como necesidad testimonial. Entre las diferentes causas que llevan a estas personas a abandonar sus países de orígen, podemos encontrarlas de índole político (la huída de un régimen totalitario o dictatorial), económico (la necesidad de buscar otros países que sí aseguren una subsistencia a quien acuda allí a trabajar como residente) o personal (el deseo vital de ampliar horizontes, de enriquecerse con nuevas experiencias). De lo que no cabe duda es de que, en cada uno de estos casos, este cambio de destino provoca un cambio total en quien lo vive. Su realidad anterior es modificada por otra bien distinta. Una transformación gradual que queda marcada de forma indeleble en cada una de estas vidas. A excepción del último tipo de caso citado, en el que dicho traslado es voluntario por parte de quien lo ejecuta, los otros dos suelen resultar traumáticos, puesto que sus protagonistas se mueven por el impulso de la supervivencia, accediendo a dicho cambio en muchos casos contra el propio deseo.
El siglo XX fue testigo de toda una serie de convulsos acontecimientos en el mundo, principalmente toda una serie de revoluciones y dos guerras mundiales con sus consiguientes posguerras, las cuales modificaron el plano sociológico irremisiblemente. Aquella idea idílica del viajero que conocía nuevos mundos cargados de belleza dejó paso a un planeta en el que apenas cabía la esperanza, donde el ser humano había demostrado que era capaz de destruír a gran velocidad todo aquello que anteriormente había concebido con sus buenas intenciones. Así pues, nacía una nueva visión de las cosas y una necesidad de reconstrucción obligada por esta nueva situación, que era contemplada bajo esta contemporánea mirada.
Más allá del mundo político, existían opiniones bien valiosas para esta nueva humanidad que nacía del apocalípsis. La ciencia o la cultura parecían estandartes necesarios en los que confiar. No obstante, la cultura y la ciencia también habían sido de algún modo destruídas y quedaba todavía mucho trabajo para conseguir levantarlas y devolverles su dignidad perdida.


Vladimir Nabokov

Vladimir Nabokov pertenece a ese gran grupo de desterrados que emigraron de Rusia cuando en ella se estableció la revolución bolchevique a principios de siglo, tras la caída de los zares. Su biografía le va situando en diferentes lugares de residencia (Alemania, Francia o EEUU). El asesinato de su padre y de su hermano por causas políticas marcaron inevitablemente su forma de ver la vida.
El escritor ruso no solo había sido expulsado de aquella tierra en la que había nacido, donde se encontraban sus raíces. Había sido obligado a viajar por el viejo continente, como causa de los cambios políticos que en él estaban teniendo lugar. No solo aquellos lugares habían perdido su antigua identidad, sino también los individuos que los habitaron y que parecían deambular sin rumbo en un mundo inestable y carente de horizonte claro.
Gran parte de los personajes nabokovianos se encuentran acuciados por aquellas preguntas que sin duda obsesionaron a su creador a lo largo de su vida. Reflexiones vitales influidas por su pasado como ruso errante, como nómada al albur de la propia Historia.
De todos ellos, quizá sea el de Pnin (que da nombre a la propia novela) el que más se ajuste a esta visión tan autobiográfica, la cual a su vez entronca con la tradición literaria rusa del “hombre superfluo” que dio lugar a personajes tan emblemáticos como el “Eugenio Oneguin” de Pushkin, el príncipe Mishkin de Dostoievsky o toda una serie de personajes Chejovianos. Dicho prototipo de personaje puede definirse como un ser que, a pesar de poseer cualidades positivas como la inteligencia o la sensibilidad, es incapaz de participar activamente en la vida, no dejando de ser más que un mero espectador de los acontecimientos que suceden en torno a él. Al pensar en ello, resulta inevitable recordar a Alonso Quijano, la inmortal y universal creación de Cervantes, quien bebe a su vez de la tradición caballeresca española.


Alexander Pushkin, autor de "Eugene Oneguin"

En Nabokov, podemos enclavar a este hombre superfluo en esa aristocracia inquieta del siglo XIX. En esta nueva época, el personaje debe emigrar por la revolución y acaba convirtiéndose en un personaje de unos cuarenta años mayor (más o menos la diferencia entre los personajes superfluos de Chejov y el de él), desubicado e incluso grotesco. Este Pnin es el intento de ubicar toda la problemática de la literatura rusa del final del siglo XIX en el contexto multicultural, un experimento intelectual dirigido a resolver la siguiente pregunta: “¿Cómo vivirá algo tan ruso en el contexto extranjero?”
Como Nabokov, Pnin es un ruso que ha emigrado de su país a principios de siglo, recalando en otros países como Francia o Alemania para acabar en América fijando su residencia. También Pnin padece los horrores de la política de Hitler: no solo pierde a amigos de juventud, sino que su primera novia, aquella de quien se ve obligado a separarse al marcharse de Rusia, acaba muriendo en un campo de concentración alemán.
El año de publicación de “Pnin”, 1957, es aquel en el que se contextualiza también la obra. El protagonista es por tanto coetáneo a Nabokov y sin duda posee su misma mirada presente. Él es testigo de la sociedad actual, se ve como un extraño en un medio que en cierto modo le es hostil y añora su patria rememorando siempre que puede recuerdos prácticamente borrados (aunque reconstruídos de forma magistral en su mente) o haciendo uso de su lengua materna. Sus problemas con el inglés son patentes. En este sentido, Nabokov no escatima detalles de tipo lingüístico. Él, que conocía cada una de las lenguas de los países en los que residió, trabajando incluso como traductor, le da al idioma un valor preeminente.
Pnin es un erudito en un mundo en el que cada vez impera más la analfabetización. Sus exquisitos comentarios son parodiados por sus compañeros, e incluso acaban convirtiéndose en una rémora que extirpar. Pnin es un personaje íntegro que debe de luchar en un mundo de fieras. Su pureza le convierte en un personaje vulnerable ante los demás. Podría decirse que muchas veces peca de ingenuo, que es casi como un niño que busca incesantemente puntos de apoyo a los que asirse. Paradójicamente, la persona con la que más siente afinidad Pnin es con un niño. Eso sí, un niño con unas capacidades por encima de lo normal. Al igual que Pnin, este niño, llamado Víctor, se encuentra por encima de las reglas que rigen la sociedad en la que vive, por lo cual es tratado como un “bicho raro”. Es el hijo de quien fue mujer de Pnin, Liza, la cual acabó yéndose de su lado para casarse al menos dos veces más. A diferencia de Pnin, sus frustraciones intelectuales quedaron frustradas (escribía malos poemas), por o que terminó decantándose por la psicología (en este campo, Nabokov desarrolla una crítica hacia los actuales sistemas psicoanalíticos). Liza se nos presenta como otra e las personas incapaz de comprender a Pnin. Ella es, de hecho, alguien incapaz de conocerse a sí misma al ir dando tumbos sin ser capaz de encontrar aquello que desea.
Pnin encuentra en el hijo de Liza una especie de alma gemela, alguien tan particular como él. Víctor, por otro lado, desea salir del ambiente irrespirable familiar y por ello decide pasar una temporada con quien fue el marido de su madre. En cierto modo le compadece al sentirse identificado con él (tanto Víctor como Pnin han sido víctimas de la extraña mentalidad de Liza). Víctor es como un adulto en el cuerpo de un niño, mientras que Pnin es un adulto en el cuerpo de un niño. De esta forma se complementan.
Por otro lado, podría decirse que Pnin padece o sufre también un problema de sociabilidad, lo que le vuelve en cierto modo autista. Su relación con las demás personas es en cierta forma aparatosa, del mismo modo que su relación con el medio en general. Es torpe en sus acciones (él mismo dice no comprender los electrodomésticos modernos), viste de forma excéntrica (emplea ropas pasadas de moda, pertenecientes a otras épocas y lugares que, en conjunto, le vuelven exótico externamente) y siempre desconcierta con cada una de sus respuestas.


Nabokov, encarnando en la realidad a "Pnin"


Su labor como profesor de ruso en la universidad de Waindell es apenas apreciada por un grupo de compañeros de la institución y por un grupo de camaradas emigrados con los que se reúne de vez en cuando para poner en común su pasado perdido. Su problema no es solo de tipo local, sino histórico. Parece un personaje de otra época. Hay que añadir, además, el ambiente hostil que en América se respira frente a todo lo que huele a ruso y, en general, a comunista. Pnin no es un personaje del agrado general. El lugar que ocupa en el centro docente es bien significativo: no solo es desplazado de un despacho en condiciones a un cuartucho que él mismo debe adecentar, sino que finalmente este espacio acaba siendo ocupado por otro profesor, lo cual acaba por desahuciarle como profesor con derecho a habitáculo en el que trabajar.
Finalmente, cuando parece que Pnin parece haber encontrado cierta estabilidad en su vida, todo termina por venirse abajo. Él cree haber encontrado un puesto fijo como profesor, pero en realidad sus superiores llevan conspirando contra él largo tiempo esperando el momento adecuado para eliminarle. Por otro lado, tras toda una vida pasando por diferentes hogares en situación de alquilado, consigue hacerse con una casa para él sólo que confía en poder comprar con el dinero que ha ido ahorrando. Al conocer los planes que la universidad tiene en contra de él, Pnin asume que nuevamente tendrá que abandonar esa casa (y, quizá, ese país, donde resulta tan incómodo, para buscar trabajo en otro). Al perder lo poco que posee, puede entenderse que Pnin ha perdido las últimas conexiones que le unen al mundo. Lo poco que sabemos de él nos llega a través del narrador, que se presenta como su médico y antiguo amigo suyo. De su boca nos enteramos que Pnin está cansado de ser profesor, que se ha encerrado en casa decidiendo aislarse del mundo días antes de partir en su coche rumbo a un destino incierto. Él, que apenas sabe conducir.
Pnin podría ser considerado, en el argot actual, como un “personaje” en el sentido más literario de la palabra. Él es en sí mismo una caricatura, un ser tan grotesco que parece casi irreal, pero ésto a su vez nos hace sentir una profunda compasión con él. Nos inspira ternura, es decir, una gran empatía. En cierto modo Nabokov consigue que nos sintamos identificados con él. Él puede ser un tanto extraño, pero los que se nos hacen ajenos en realidad son aquellos que le tratan hostilmente o simplemente no le comprenden. Tal vez porque podamos temer encontrarnos alguna vez en la situación de Pnin, nos curamos de espanto y nos ponemos de su lado.


El ser humano debe enfrentarse constantemente a mil y una adversidades y Pnin es el ejemplo perfecto. Su testimonio es para Nabokov como una válvula de escape, un modo de exorcizar los demonios que le han perseguido a lo largo de los años, exponiéndolos crudamente sobre la mesa empleando el recurso de la ficción. Porque, tras la historia exagerada de Pnin, se encuentra la biografía de un gran escritor.

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