Portfolio

Visita nuestro Blog de Arte

HISTORIA DEL VIEJO SABIO SENTIMENTAL

>> viernes, 21 de febrero de 2014



El joven no deseaba nada más que una sola experiencia. Quiso renunciar a los placeres que la diosa Venus le ofrecía: "Que te quieran por poco tiempo pero con locura". Se enfrentó a ella para decirle que no quería distracciones fugaces sino algo con lo que poder olvidar las demás cosas. Algo que le llevara a renunciar a los libros de estudio, a la observación, al hábito de escribir y, en fin, a todo deseo de sabiduría. Él solo deseaba aprender mediante el conocimiento directo y práctico. Ansiaba penetrar en el alma humana, conocer sus laberintos y fortificarlos. Quiso ser feliz y hacer feliz. Pero el dolor siempre estaba ahí, a la vuelta de la esquina. El placer era obviamente necesario, pero él buscaba algo más por encima de las necesidades volitivas. Así, conoció a una muchacha con la que estuvo largo tiempo. Pero aquello llegó a su fin, pese a que el joven trató de evitarlo por todos los medios. Llegó una segunda que duró menos que la primera, y una tercera, y una cuarta, cada una más breve que la anterior. Él no podía comprender nada y se iba haciendo viejo. Nunca consiguió profundizar lo suficiente en el interior del otro ser. ninguno de ellos le permitió esta penetración. Él quería enseñarlas pero ninguna quería aprender de sus consejos. Es como si desearan llegar a esa verdad por ellas mismas. No se fiaban de aquel hombre que cada vez se volvía más maduro. Cuando por fin llegaban a ese conocimiento, se arrepentían de haber abandonado al sabio, pero ya era tarde. Todo esto él lo sabía, tenía la certeza de que a cada una de ellas les iba a suceder, pero él ya no podía ayudarlas porque ellas ya no estaban con él. Y, sin embargo, él solo deseó estar con una sola, una con el suficiente carácter como para no dejarse engañar por sus falsas sensaciones de juventud, aquellas que confundían, atormentaban, transformaban a quien las padecía por no tener esa madurez, esa inteligencia que solo podían dar los años. Él pensó que una sola mujer que experimentara cuatro fases evolutivas a su lado era preferible a cuatro mujeres diferentes que solo fuesen capaces de vivir en su compañía una sola etapa y que, al término de esta, le abandonaran. El viejo sabio sentimental alcanzó su mayor nivel de lucidez el día en que decidió hacer del tiempo y de la soledad sus dos amantes únicas e irremplazables. Renunció a aquello a lo que siempre ansió y convivió consigo mismo por el resto de sus días.      

Read more...

VIAJE DE TRES GUITARRISTAS


El anciano profesor acababa de llegar a casa de la universidad. Había olvidado quitarse la trenca antes de sentarse ante la mesa del despacho, de tantas ganas como tenía de abrir aquel sobre grande y marrón que había encontrado en su buzón del portal. Con un abrecartas cuyo mano era una cabeza de caballo plateada, rasgó uno de los bordes y extrajo de él una fotografía que casi se adaptaba al tamaño del sobre que la contenía. "Vaya, vaya, querido Jorge... Hace tres años eras un alumno aplicado de esos que se ponían todos los días en la segunda fila de pupitres (la primera siempre imponía demasiado y había que dejarla como de burladero) y, ahora, eres todo un señor doctor..." Sus pensamientos se referían a Jorge Rodríguez Mercader. Su nombre aparecía escrito en el sobre. pero Jorge Rodríguez Mercader no era solo un nombre. Él había sido antiguo alumno de musicología del viejo profesor, el cual le había invitado hacía solo unas semanas a la universidad (allí donde se habían conocido, uno como maestro y otro como aspirante a doctor) para que este impartiera una conferencia acerca de la guitarra en la obra de Manuel de Falla.  
La fotografía estaba en blanco y negro. En ella se apreciaba el interior de un polideportivo, lleno hasta arriba de gente. En el centro, un hombre calvo con ropa de sport, sentado y con una guitarra. Se trataba de Narciso Yepes. Sobre la imagen había escrita una dedicatoria: "Yo soy una de esas cabezas que escuchan al maestro". El viejo profesor no logró localizar la cabeza de Jorge. ¿Cuántos años habrían pasado de esto? Él ni siquiera había estado allí. En una de las paredes, colgaba una guitarra de diez cuerdas obsequio del músico murciano, el cual había sido a su vez su mentor. Así pues, teníamos tres generaciones de guitarristas profesores: Don Narciso, el viejo profesor (que tenía nombre y se llamaba Alfredo) y Jorge "doctor" Mercader.
Alfredo pensó en llamar a la viuda del que fue su profesor. Marysia. Solo había que encontrar el número en las páginas amarillas. Así lo hizo. Sonó uno, dos, tres tonos... y finalmente alguien descolgó el teléfono al otro lado. Una voz femenina preguntó , Alfredo respondió con otra pregunta (muy gallego esto): "¿Eres Marysia?"  Alfredo le habló de quién era él y qué había tenido que ver en la vida de su marido. Quedaron y hablaron de la fotografía. Alfredo le llevó un recorte de periódico que él había guardado de los años cincuenta. Fue la primera noticia que tuvo de Narciso, la primera piedra de un camino que conducía hasta él. ¿Quién le iba a decir que aquel hombre al que había estudiado en los libros escolares iba a acabar siendo uno de sus mejores amigos tiempo después?
Se trataba de un artículo del escritor José María Gironella acerca de un viaje que había hecho con Yepes por Japón en 1963. Contaba que, estando en Nagasaki, visitaron un hospital en el que se encontraban recluidos enfermos afectados por la bomba atómica. Yendo por una de las plantas, escucharon en una de las habitaciones un sonido que les resultó familiar: Un paciente se encontraba tocando la guitarra. Don Narciso entró y se quedó escuchándole. Después, le pidió el instrumento y comenzó a tocarlo. Cuando quiso detenerse, Gironella le dijo que era mejor que siguiera adelante con el recital, puesto que poco a poco se había ido formando un corro de curiosos en torno a ellos. Así pues, el concierto se prolongó durante dos horas.
La instantánea que Alfredo quería enseñarle a Marysia guardaba ciertas similitudes con esta otra anécdota sin documentar gráficamente. Ella reconoció rápidamente su origen. "Fue durante una manifestación estudiantil. Narciso estaba allí y les ofreció su música. Por eso solo vestido de esa forma tan informal, porque fue improvisado..."

- ¿Y cómo ha conseguido esta fotografía?
- Me la envió un antiguo alumno mío que conoció a su marido a través de mí. Cuando me tenía de profesor de Musicología, le llevé a un concierto que dió en el teatro Monumental, y después fuimos a verle al camerino... ¿Quiere usted la foto?
- Está dedicada...
- No importa. A usted le pertenece más que a mí. Al fin y al cabo fue su mujer.
-  No lo haga por mí. Alguna vez tendré que depositar su legado en alguna fundación... Estará al alcance de cualquier interesado, eso es lo maravilloso...
- Por si le interesa, nosotros en la universidad nos hacemos cargo también de esas cosas... Tenemos una biblioteca bastante completa e interesante, construida gracias a donaciones de particulares con nombre y apellidos de prestigio.
- No obstante, creo que el mayor bien que puedo legar es intangible, inmaterial. Todas mis vivencias, los recuerdos almacenados a su lado...
- A mí, un compañero de Monterroso que vino a dar una conferencia hace ya algunos años, me contó el origen de su microrrelato sobre el dinosaurio. Al parecer, se habían reunido unos compañeros de tertulia en un hotel, y un hombre que debía de ser bastante longevo y que era ajeno a aquel grupo se unió a ellos y empezó a hablar y a hablar... En un momento dado, Augusto se quedó dormido debido al tedioso monólogo de aquel sujeto y, cuando despertó, todavía el anciano hablaba y hablaba. Por eso, cuando llegó a su habitación, escribió en un papel lo de "Cuando desperté, el dinosaurio todavía estaba allí". Después, lo hizo más impersonal modificando el "desperté" por "despertó".
- ¿Y eso no podría sacarse a la luz?
- ¿Y quién le dice usted que no se ha dado ya a conocer?... O que alguien está trabajando en ello. Uno de aquellos testigos del hecho.

Alfredo guardó silencio por un momento para preparar un asunto nuevo e importante para tratar con Marysia.

- Una tarde, los compañeros de clase decidimos organizarle a su marido una merienda. Él, en un momento dado, decidió contarnos algo. Nos habló de cómo llegó a interpretar "El Concierto de Aranjuez".

Marysia conocía la historia, pero no quiso interrumpir a su interlocutor. Alfredo lo contó tan bien como si hubiese estado allí. Se acordaba de todos los detalles del relato de Yepes.


"Él todavía era un joven músico. Todavía se llamaba Narciso García Yepes, porque ese era su primer apellido.  Tras un concierto en el que debutó como solista de guitarra, el Ataúlfo Argenta- que se encontraba entre el público del auditorio- decidió programarle para la nueva temporada musical. Habló con Joaquín Rodrigo, le puso en contacto con el guitarrista y, tras escucharle, se puso de acuerdo con el director de orquesta para que interpretara su obra más conocida. El "Concierto de Aranjuez" ya había sido estrenado por Regino Sainz de la Maza, el cual, a pesar de ser catedrático de guitarra tenía sus limitaciones como instrumentista, por lo que la obra de Rodrigo no brilló en su primera audición como debía de haber brillado. Sainz de la Maza se había quedado con todos los materiales de la obra, por lo que Argenta tuvo que ponerse en contacto con él para hacerse con ellos. De la Maza se negó a cederlos, por lo que Argenta le dijo: "Muy bien. Entonces tendré que decir el día del concierto que esta obra estaba programada pero que el maestro Sáinz de la Maza se había negado a prestar el material para su preparación. No obstante, Narciso García Yepes tocaría en su lugar un recital de guitarra." Sáinz de la Maza acabó cediendo ante esta advertencia y, finalmente, la obra de Rodrigo pudo escucharse en su completo esplendor. Era, sin duda, una obra bien compleja. El propio Andrés Segovia afirmó que "El concierto de Aranjuez" resultaba imposible de interpretar, aunque tras el concierto de Yepes tuvo que rectificar sus palabras". Rodrigo, que se sentía de algún modo en deuda con Narciso al no poder dedicarle su concierto (éste estaba dedicado a quien lo estrenó, esto es, a de la Maza) compuso a continuación la "Fantasía para un gentilhombre", que acabó convirtiéndose en la segunda obra más importante de su repertorio".

Read more...

"Oñazez". Preludios Vascos del padre Donostia. Ana Inés Aguirre (piano)

>> lunes, 17 de febrero de 2014

Read more...

ANTONIO SOLER Sonata n.88 (Allegro)

>> martes, 11 de febrero de 2014

Read more...

TRÁNSITO


Dedicado a Jorge Sáez, de su amigo viajero.

En una estación de metro, los trenes llegan cargados de viajeros que son vomitados con presteza para dejar paso a los que posteriormente serán engullidos. Son monstruos mecánicos que ayudan a aquellos a quienes trasladan (cual ballena con Jonás) a llegar más rápido a sus destinos. En una época trepidante, donde no hay lugar para el detenimiento, aún quedan espíritus deseosos por condensar el tiempo, como si esto fuera posible. Desafiando a las agujas del reloj, arrancándolas de su esfera haciendo como que se las ignora, algunos todavía desean sobrevivir a la podredumbre de la carne. Quieren una vida con momentos de despreocupación, desean ser ajenos al estrés, pues él todo lo devora, no ya el tiempo (aunque parezca este superior a todas las demás cosas).
Una pareja de amantes debe desunir sus cuerpos entrelazados, desnudos bajo la pureza de una sábana blanca, porque uno de ellos debe de partir. Debe de cumplir con sus obligaciones, que contrarían a lo que ahora él desea, que es permanecer con el otro. La vida íntima se desatiende por esta otra. Una va desapareciendo, extinguiéndose por el paso del tiempo, mientras que la otra nunca muere, siempre está presente. Hay que estar activos para sobrevivir, demostrando a los demás constantemente que estás vivo para que te atiendan y tú les atiendas a ellos, intercambiando dinero por conocimiento o viceversa.
Aún lo recuerdo. Hace un año, en este mismo lugar, punto de encuentro de cientos y cientos de viajeros a lo largo del día, eran las nueve de la mañana. Yo viajaba en uno de esos trenes camino de mi particular destino. Todavía podía oler la fragancia de ella, pegada a mi piel. Hace poco menos de veinte minutos estaba a su lado. Había ido hasta su casa una hora antes, por lo cual me había levantado a las siete de la mañana. El sueño se me había ido acumulando por querer contentar a cada uno de mis deberes. Era un hombre ejemplar.

Ahora, un año más tarde, me la he encontrado aquí mismo. Justo subiendo las escaleras mecánicas que me sacaban del andén. Ella acudía a coger el tren del que yo había salido. Íbamos en direcciones contrarias ¡qué paradoja! Ella no me vio, o hizo como que no me veía. Yo pude haberla saludado, pero había gastado un tiempo valioso en pensarlo y ya era tarde. Ella había sido arrastrada por los que venían detrás y ya casi no podía apreciarla entre la masa de caminantes medio dormidos. Seguramente iría a trabajar, o a verse con su nuevo amante, si lo tuviese. ¿Y yo? ¿Hacia dónde iba? No hay tiempo para reflexionar. Debía sacar el billete para coger el siguiente tren.          

Read more...

NOVENTA Y DOS POEMAS PARA LEER EN CADA DÍA DE LA PRIMAVERA

>> domingo, 9 de febrero de 2014


Cada día existe una mirada de las cosas distinta a la que recurrir para escribir un poema nuevo.
Cada día el poema será mejor que el anterior, aunque en muchos casos no tendremos la inspiración necesaria para considerar a ese poema digno de figurar en una antología... Una mucho más abierta. por ejemplo: Noventa y dos poemas para leer a lo largo de cinco años.
Hay que ser fuerte, ceder a la tentación de descansar un día sin escribir. Así se forja un escritor o, al menos, la madera de alguien que aspira a serlo. Lo que parece aparentemente baladí (escribir por escribir, haya o no ideas que rescatar) acaba convirtiéndose en todo un reto. No vale repetirse, hay que lograr ser diferente en cada poema. Ser un poeta nuevo.
Como quien desea conocer una ciudad y cada día se propone descubrir una calle nueva. No vale ir siempre ir por el mismo camino, porque no siempre queremos llegar al mismo destino. Abandonemos la seguridad y arriesguémonos a perdernos. Dejemos las miguitas de pan en casa, que nunca nos ayudarán a madurar.

Ahora están de moda los conciertos de música filmados. Ahora se busca la pérdida de la frescura que nos ofrece una interpretación en directo. Si lo que quieres es una pantalla en la que poder ver a un clarinetista y a un pianista  y no un escenario en el que tiene lugar un concierto para clarinete y piano, adelante, tú mismo. No hagas poemas originales, copia otros que el tiempo se ha encargado de envasar y precintar adecuadamente. ¿Quieres poemas envasados al vacío o poemas que pueden olerse, tocarse y degustarse? Para lograr la perfección más vale que dediques cada día de la semana a ejercitarte. La primavera es la estación perfecta para esta tarea. Huimos del frío en busca de un calor. Es perfecto, porque la temperatura es la adecuada, en el centro de los dos polos. El otoño, sin embargo, conduce al frío, y esto solo se lo pueden permitir los poetas melancólicos. Huyamos de ellos, así no hay quien consiga ser capaz de escribir cada día. Tú sabes que la inspiración aparece solo de vez en cuando, y que ya la tienes. Lo único que necesitas es técnica para madurar. Seamos poetas racionalistas y trabajemos para poder permitirnos ser melancólicos después y escribir un poema cada mes. Ese poema será bueno, a diferencia que ese que escribas cuando solo eras un advenedizo y que le faltaban muchos días de aprendizaje para ser algo grande. Alguien leerá alguna vez esos poemas, esos noventa y dos poemas. No seas tramposo y no destruyas los que creas que te han quedado menos inspirados. Sé sincero con tu público, para que no te vea como un Dios sino como alguien que quiere llegar a ser un gran poeta reconociendo que es un hombre corriente. Habremos cumplido un fin por partida doble: practicar para llegar a ser grandes escritores y destinar el trabajo realizado a una cantera de posibles lectores que desean alegrarse cada día de la primavera con un poema.
Como el cuadro de "La primavera" de Arcimboldo. Un rostro compuesto por todo un conjunto de elementos florales. El artista supo dotar a cada elemento de un sentido morfológico. Así nosotros debemos saber constituir con cada uno de nuestros poemas un conjunto de virtudes con las que lograr un resultado coherente. 

Read more...

EL SER IMPERFECTO


Esta es la historia del hombre que siempre llegaba tarde porque caminaba con las manos.
El que no sabía decir que "no" con la boca pero "sí" con el brillo de sus ojos.
El que creía ser ya viejo aún sin tener una sola cana.
Una de esas personas a las que convencieron de que ser sensible, atento o detallista era un símbolo de debilidad.
Quiso ser muchos y terminó por no ser ninguno.
Entonces, cuando se creyó perdido, decidió retratarse a sí mismo.
Se pintó la mirada con colores vivos,
compró un sombrero de ala ancha
y recorrió el mundo a la pata coja.
Dejó de flirtear con los callejones sin salida,
rompió con la geometría para trazar nuevos caminos.
Dio la espalda al destino y dejó de provocar a la suerte.

Sólo sabía que la esperaba y que tenía todo el tiempo del mundo.

Read more...

"LA GRAN PRUEBA" ("FRIENDLY PERSUASION". WILLIAM WYLER,1956)

>> martes, 4 de febrero de 2014



El otro día, el canal de cine clásico de TCM emitió el film de William Wyler titulado “La gran prueba”. Como suele suceder en muchas ocasiones, la programación de televisión no suele coincidir con la agenda de sus espectadores, lo que en muchas ocasiones genera que el televisor tenga que ser apagado a pesar del televidente, el cual tiene que hacerse cargo de una serie de obligaciones, debe marcharse de casa o, simplemente, prefiere irse a la cama a descansar cuando lo televisado tiene lugar en horario nocturno o de madrugada. Afortunadamente, el espacio para los anuncios ha sido extirpado cual cáncer en determinados canales, los cuales retransmiten su programación sin cortes o interrupciones. Los cineastas vivos agradecen que sus obras sean reproducidos de principio a fin, respetándose el formato y la integridad de las mismas (en algunos casos se eliminan los títulos finales, por ejemplo).
Como en mi caso, la emisión de “La gran prueba” coincidía con un concierto de piano, decidí grabar la película con el aparato de vídeo.
Cuando tuve oportunidad de volver a verla, ya sin ningún tipo de imprevisto que me lo impidiera, le propuse a mi madre que me acompañara en el visionado. ¿Y por qué mi madre? Digamos que porque, gracias a ella, conocí la película y disfruté de ella en mi infancia. A ella le estoy agradecido el que me diera a conocer una gran parte de los títulos del género clásico que hoy conservo en mi filmoteca mental. Mi madre poseyó siempre una gran sensibilidad a la hora de seleccionar este tipo de filmografía. Puedo decir que todos los títulos sugeridos han sido de mi agrado, llegando incluso a situarlos en el ranking de películas favoritas. En su mayoría son películas emotivas, desde Capra hasta Cukor. Mi abuela fue una romántica empedernida, gustosa lectora de los libros de las hermanas Brönte, de Daphne du Maurier, Louisa May Alcott o Jane Austen. Ella bien hubiera podido representar los personajes de aquellas mujeres cinematográficas como Deborah Kerr, Olivia de Havilland, June Allyson o Katherine Hepburn: mujeres de gran carácter y de valores arraigados e inquebrantables. El padre de mi madre, es decir, mi abuelo materno, podría haber sido perfectamente un Gary Cooper de la vida: a pesar de su moral conservadora (y no por ello negativa, al menos a mi juicio), era tendente a un espíritu bondadoso y comprensivo. Podría decirse que fue la excepción de aquellos hombres que ayudaban en las tareas del hogar, que sabía escuchar a sus hijas y que trataba de solucionar las cosas haciendo uso del diálogo con el fin de allanar el camino y menguar cualquier tipo de problema hasta volverlo insignificante. Como ese padre de “Mujercitas” del que se desea su regreso con todas las fuerzas, así era él. Aún esperamos su regreso o, al menos, reencontrarnos con él en algún momento al final de nuestras vidas.


Ese Gary Cooper del que mi madre estaba enamorada porque, según ella, todos sus personajes eran maravillosos, tuvo la culpa de que “Juan Nadie” o “La gran prueba” fuesen algunos títulos seleccionados por mi madre para elaborar su propia filmografía.
La película de Wyler se desarrolla en una etapa de la historia americana bien fructífera para la Historia del Cine estadounidense. Desde “Lo que el viento se llevó” hasta la ya citada “Mujercitas”, gran parte del cine de oro se encuentra señalado por esa Guerra de Secesión que dio nombres ficticios como Rhett Butler y dejó para la Historia otros como el de Abraham Lincoln. “La gran prueba” puede definirse a mi juicio como una mezcla perfecta entre “Mujercitas” y “Lo que el viento se llevó”, puesto que se trata de una película de género bélico aderezada en su mayoría por un ambiente hogareño que consigue que olvidemos los problemas que traía la dura realidad del momento. No obstante, el film nos plantea un conflicto de tipo moral bien interesante: la religión confrontada con la guerra. Es decir, la idea del creyente que renuncia a la violencia contra esa otra idea de la necesidad de “matar” para sobrevivir y para salvar al resto de compañeros a los cuales afecta el conflicto y que también luchan por salvarnos a nosotros. Y, concretamente, no una fe cristiana, sino aquella perteneciente a la de la secta religiosa de los cuáqueros. Para un profano- nunca mejor dicho- en esta materia, los personajes de esta historia pueden recordarle a los de aquella otra secta de los “Amish” representados en la película de “Único Testigo”. La diferencia más primordial en este caso es que los “Amish” continúan viviendo, aún en la época contemporánea, como los personajes retratados en la época de la guerra civil estadounidense. Los cuáqueros se encontraban del lado de aquellos que apostaban por la abolición de la esclavitud, pero permanecían ajenos a los conflictos militares debido a que ellos promovían el amor al prójimo, siendo incapaces de procurar daño alguno a cualquier tipo de persona, incluso cuando esta pudiera poner en peligro sus vidas. He ahí la expresión de que cuando te peguen, haya que poner la otra mejilla en lugar de responder al desafío. La familia de Jess Birdwell (esto es, Gary Cooper) poseen a un esclavo liberado, con lo que se destaca aún más su oposición al maltrato del hombre por su prójimo, independientemente de cuál sea esta su raza, porque ningún hombre es inferior a otro.
Esto provoca conflictos evidentes con el ejército confederado, que trata por todos los medios de hacer reaccionar a los cuáqueros para que les ayuden, advirtiéndoles de que su inmovilidad tan solo les conducirá a que sus tierras sean ultrajadas por el “enemigo”. A estos problemas hay que añadir otros dentro de la familia de Birdwell: el hijo siente cierta atracción por el arte de la guerra (desea saber qué se siente al ser herido, cómo debe de ser la vida después de la muerte) y teme ser considerado un cobarde si no se alista como voluntario en las filas el ejército. Su hermana, además, mantiene un romance con uno de los jóvenes militares, algo que para la madre de ella hace imposible la relación entre ambos. Y es que, la mujer de Birdwell, parece poseer una moral menos permeable ante casos tan especiales como este u otros que relataremos a continuación. Birdwell, sin embargo, se nos presenta más empático, siempre dispuesto a tolerar ciertos excesos que realmente no tienen nada de pecaminoso. Es el caso de su pasión por las carreras de carruajes. Él y su vecino compiten por ver cuál de los dos llega antes a la iglesia en día de misa. Otro día, encontrándose en una feria, es convencido por un vendedor para comprar un pequeño piano, algo a lo que no solo su mujer se opone, sino la orden religiosa en sí, al no concebir la música en sus vidas. Para rizar más el rizo, en una caseta de tiro se le ofrecen como trofeo unas ligas muy de modo en Francia, con las que obsequiar a su esposa en noches de pasión. Tanto él como ella finalmente acaban mostrándose más partidarios por entrar en razón y establecer pequeños avances de corte progresista dentro de su círculo conservador.


Perkins, durante un descanso en el rodaje

Podríamos decir que el film se encuentra dividido en dos partes bien diferenciadas: aquella perteneciente al género de comedia y aquella otra que relata la parte correspondiente al conflicto bélico. En esta segunda, el personaje del hijo queda mejor definido, recogiendo el testimonio del padre en lo que se refiere a protagonismo. El personaje, encarnado por Anthony Perkins, es todo un ejemplo claro de los efectos traumáticos que la guerra puede causar en los seres humanos: cómo ante una situación de tal calibre, han de cambiar su mentalidad y enfrentarse a la lucha en pos de la supervivencia. Él acaba enfrentándose a la opinión familiar de mantenerse apartados del conflicto y acude a primera fila a batallar. Una vez allí, verá realmente que aquello que había imaginado mucho más idealista y teórico acaba resultando verdaderamente crudo puesto en práctica. Perkins realiza una espléndida interpretación a pesar de que todavía quedan unos años para que Hitchcock se fije en él y juegue con esa presunta inocencia de los personajes que interpretaba para mostrarnos su lado más oscuro (aquel que le encasillará de por vida en el rol de Norman Bates). En este sentido, tanto él como su familia pasará esa “gran prueba” sin renunciar a la coherencia que les define durante toda la cinta.
Más allá de las cámaras, Gary Cooper se fijó en Perkins como posible candidato para aspirar a la mano de su hija. Le consideraba tan buen muchacho como los personajes que encarnaba. No obstante, el conocer posteriormente su homosexualidad le hizo renegar de él y tacharlo de su lista. No olvidemos que Cooper se caracterizó por una ideología conservadora que le llevó incluso a delatar a na serie de compañeros de profesión durante la famosa Caza de Brujas de Hollywood.

Sin duda, “La gran prueba” puede considerarse una película familiar. A pesar de no poder aspirar a formar parte de una de las mejores películas de Wyler, el film se encuentra impregnado de motivos positivos que solo pueden ensalzarla como film redondo y digno de ser recordado. Si algo nos enseñó es que, por encima de creencias e ideologías, el ser humano debe de ser antes que nada íntegro y tolerante para evolucionar como persona de forma digna y ejemplar.

Read more...

  © Blogger templates Romantico by Ourblogtemplates.com 2008

Back to TOP