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NOVENTA Y DOS POEMAS PARA LEER EN CADA DÍA DE LA PRIMAVERA

>> domingo, 9 de febrero de 2014


Cada día existe una mirada de las cosas distinta a la que recurrir para escribir un poema nuevo.
Cada día el poema será mejor que el anterior, aunque en muchos casos no tendremos la inspiración necesaria para considerar a ese poema digno de figurar en una antología... Una mucho más abierta. por ejemplo: Noventa y dos poemas para leer a lo largo de cinco años.
Hay que ser fuerte, ceder a la tentación de descansar un día sin escribir. Así se forja un escritor o, al menos, la madera de alguien que aspira a serlo. Lo que parece aparentemente baladí (escribir por escribir, haya o no ideas que rescatar) acaba convirtiéndose en todo un reto. No vale repetirse, hay que lograr ser diferente en cada poema. Ser un poeta nuevo.
Como quien desea conocer una ciudad y cada día se propone descubrir una calle nueva. No vale ir siempre ir por el mismo camino, porque no siempre queremos llegar al mismo destino. Abandonemos la seguridad y arriesguémonos a perdernos. Dejemos las miguitas de pan en casa, que nunca nos ayudarán a madurar.

Ahora están de moda los conciertos de música filmados. Ahora se busca la pérdida de la frescura que nos ofrece una interpretación en directo. Si lo que quieres es una pantalla en la que poder ver a un clarinetista y a un pianista  y no un escenario en el que tiene lugar un concierto para clarinete y piano, adelante, tú mismo. No hagas poemas originales, copia otros que el tiempo se ha encargado de envasar y precintar adecuadamente. ¿Quieres poemas envasados al vacío o poemas que pueden olerse, tocarse y degustarse? Para lograr la perfección más vale que dediques cada día de la semana a ejercitarte. La primavera es la estación perfecta para esta tarea. Huimos del frío en busca de un calor. Es perfecto, porque la temperatura es la adecuada, en el centro de los dos polos. El otoño, sin embargo, conduce al frío, y esto solo se lo pueden permitir los poetas melancólicos. Huyamos de ellos, así no hay quien consiga ser capaz de escribir cada día. Tú sabes que la inspiración aparece solo de vez en cuando, y que ya la tienes. Lo único que necesitas es técnica para madurar. Seamos poetas racionalistas y trabajemos para poder permitirnos ser melancólicos después y escribir un poema cada mes. Ese poema será bueno, a diferencia que ese que escribas cuando solo eras un advenedizo y que le faltaban muchos días de aprendizaje para ser algo grande. Alguien leerá alguna vez esos poemas, esos noventa y dos poemas. No seas tramposo y no destruyas los que creas que te han quedado menos inspirados. Sé sincero con tu público, para que no te vea como un Dios sino como alguien que quiere llegar a ser un gran poeta reconociendo que es un hombre corriente. Habremos cumplido un fin por partida doble: practicar para llegar a ser grandes escritores y destinar el trabajo realizado a una cantera de posibles lectores que desean alegrarse cada día de la primavera con un poema.
Como el cuadro de "La primavera" de Arcimboldo. Un rostro compuesto por todo un conjunto de elementos florales. El artista supo dotar a cada elemento de un sentido morfológico. Así nosotros debemos saber constituir con cada uno de nuestros poemas un conjunto de virtudes con las que lograr un resultado coherente. 

2 comentarios:

Amador García Carrasco 18 de febrero de 2015, 2:47  

Esa es la mejor 'escuela de escritores'. Leer, escribir, sacar del alma -mantengamos esa bella ilusión, que es tan real al tiempo- esa fuerza que traducen las palabras.

Tus comentarios son didácticos y al tiempo juveniles. Una extraña y delicada mixtura, que debe cuidarse. Una antigua 'virtus'; el don del artista.

nosoydali 18 de febrero de 2015, 5:51  

¡Mil gracias por tus palabras, Amador!
La verdad es que con la publicación de esta entrada busqué una especie de manual de instrucciones lírico (o tal vez se trata simplemente de la confesión de un poeta o aspirante a ello).

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