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BREVE HISTORIA DE LA DEDUCCIÓN

>> martes, 22 de abril de 2014

Sherlock Holmes, Watson y una señorita también curiosa
Hoy he perdido las llaves de casa. Bueno, he creído perderlas, mejor dicho. Cuando algo se pierde, puede volver a aparecer. De lo contrario, sería una pérdida irremisible. Nunca entendí los eufemismos empleados para referirse al fallecimiento de una persona. Recuerdo que, de niño, cuando falleció el actor español Antonio Ferrandis, en la televisión dijeron lo siguiente: "El desaparecido Antonio Ferrandis..." Y yo pensé: ¿Desaparecido? Quizá si está desparecido podrán encontrarlo..." Tampoco entendía lo de "malogrado", pues pensaba que si una cosa así se decía de una persona, se la connotaba de un sentido negativo, como si hubiese hecho algo reprobable.
En fin, hoy creí perder las llaves de casa, porque finalmente estaban en el lugar donde menos se me habría ocurrido mirar. De hecho, he pasado por este sitio varias veces sin verlas. Este sitio es el salón de mi casa. Allí estaban, en el suelo, junto a unos zapatos mojados por la lluvia. No eran los mismos zapatos con los que, algunas tardes atrás, subí la calle Alcalá en otro día lluvioso. En aquel tiempo estos otros dos pares de zapatos más antiguos se me antojaron una pareja de peces que trataba de sortear la riada yendo en dirección contraria, como cuando los salmones noruegos tratan de llegar arriba del río, en la cima de la montaña, para una vez allí desovar. Ahora tengo estos otros dos pares nuevos porque los anteriores se me echaron a perder. No soportaron aquel diluvio de marzo. Ahora, estos de abril van por el mismo camino. Al ser de cuero, de no cuidarse lo suficiente, tendrán una vida más efímera. Si fueran de la piel de los peces vivirían más, sin duda.
Aquel manojo de llaves parecía sonreírme con burla, echándome en cara no haber sido capaz de recordar las últimas acciones más recientes. No obstante, constantemente estamos realizando nuevas acciones y en muchos casos las llevamos a cabo sin ser conscientes de ellas, como respuestas automáticas en las que el cerebro no tiene nada que decir y, aún teniendo, no les da la suficiente importancia para memorizarlas posteriormente.
Es esta una frase muy habitual para quien da consejos en este ámbito: "Trata de pensar en las cosas que has hecho, dónde las has hecho y por qué. Ya verás como acaba apareciendo aquello que no encuentras". En este pensamiento, no se tienen en cuantas los ya referidos agujeros negros de la memoria, que pueden absorber datos que parecían poco relevantes pero que sin duda acaban siendo decisivos para el hallazgo de aquello que se encuentra en "paradero desconocido".
El ser humano se traiciona así mismo, incluso con las cosas más elementales. ¡Cuántas veces se han estado buscando unas gafas que finalmente estaban colocadas sobre las narices del propio investigador! De ahí la frase: "Si es un león, te muerde".  

En "La carta robada", una narración policiaca de Edgar Allan Poe, el objeto buscado resulta estar escondido delante de quien lo está buscando, precisamente para que el interesado no dé con ello.  Al encontrarse delante de sus narices, paradójicamente quien lo busca no da con ello. Prefiere buscar en lugares más enrevesados, porque piensa que quien ha hecho desaparecer premeditadamente el objeto ha pretendido guardarlo en el lugar más complejo. Finalmente, la solución está en lo más sencillo, en el lugar más a mano para aquel que se encuentra poniendo patas arriba la casa.
Auguste Dupin, invención del autor de "El cuervo", acaba dando con la solución de este modo. Este personaje figura en otros relatos como "Los crímenes de la calle Morgue" y está considerado el primer detective de la historia literaria, del mismo modo que Poe está considerado el iniciador de la novela policiaca. Curiosamente, el escritor americano no pareció darle mucha importancia a este nuevo género que estaba inventando. tal vez no fuera consciente. Para él, seguramente, se tratara de un juego literario. Apenas quedó desarrollado como idea marginal en tres relatos extraordinarios. No obstante, así ha quedado determinado por estos otros investigadores, en este caso de la Historia de la Literatura. La "novela negra", por así decirlo, nace en 1840 con la publicación de "Los crímenes de la calle Morgue". Después le seguirán la ya citada "La carta robada" y "Marie Roget". 

Edgar Allan Poe

En "Los crímenes..." confluyen dos corrientes: por un lado, el movimiento romántico (la búsqueda de lo oculto, la exaltación de los elementos no racionales) y la presentación de historias criminales, en las que los asesinos no son sino personajes que se rebelan contra la ley, rompiendo las normas establecidas que impiden la libertad del individuo. Este tipo de personaje rebelde encontró su culmen en el Doctor Frankenstein, el cual se erige como Dios al tratar de crear vida.
Dentro del mundo de lo sobrenatural, encontramos la aparición de fantasmas, dando lugar al terror. Este elemento fue explotado en la novela gótica. Los poetas buscaban lugares generadores de inquietud para concebir sus obras. Los cementerios, por ejemplo, adonde acudían no solo como asunto novelesco sino también literalmente. Estos lugares se convertían en sus gabinetes, en sus despachos. Allí se quedaban, esperando que la inspiración acudiese a ellos, envueltos en lúgubres brumas.     
España apenas conoció la etapa romántica. En la literatura primaba el realismo, en gran parte debido a la religión, que impedía un desarrollo creativo de la fantasía en este sentido. La novela fantástica, la ciencia ficción, nunca termina de cruzar nuestras fronteras.
Paradójicamente, el auge de la ciencia (el positivismo) acaba confluyendo y cohabitando con el romanticismo. Poe viaja por Europa y acaba realizando una producción marcada por el terror y la lógica, buscando lo que aún no se conoce, tratando de resolver determinados misterios. Todavía es pronto para encontrar asesinos sofisticados. En esta época no se concibe que un ser digamos astuto sea capaz de cometer una serie de acciones condenables por atroces.
Poe explica en "El método de la composición", su forma de crear a este tipo de investigador al que podemos denominar como "analista" y que persigue a este criminal de psicología bastante elemental. El analista desentraña enigmas (en este caso, crímenes sin resolver) haciendo uso de la razón. Su principal característica reside en que se trata de un personaje normal aunque con unas cualidades que acaban por definirle finalmente como un ser sobrenatural. En ocho palabras: "Sobrepasa la racionalidad del común de los mortales".
Surge también la figura del acompañante. se trata del compañero del protagonista, que le hará hablar, contándonos lo que hace. Este nuevo personaje representa la mente normal, por ello se sorprende de lo que hace el protagonista.   
No deja de resultar interesante el dato de que, por aquel entonces, fueran publicadas las memorias de Vidocq, un policía que en su pasado fue criminal. Más allá de lo morboso de la cuestión (lo que seguramente propiciaría el éxito de ventas del libro), no deja de resultar lógico que quien fuese fraile no tuviese antes un pasado como cocinero. Conocidos son los casos a lo largo de la Historia en los que determinados criminales han sido contratados por la policía con el fin de valerse de sus conocimientos y poder llegar así a la solución de determinados casos.
Otra característica peculiar del "analista" de Poe (aquel que se sirve de pautas racionales para la investigación) es que se trata de un aficionado. No puede formar parte de la policía, que representa la mente real y la ley (la cual coartaría la libertad del detective). Encontramos pues una representación ideológica y moral de la justicia, al presentarse a la policía como un cuerpo limitado, como ya hemos dicho, por sus propias leyes. El detective no representa a la ley ni a la justicia.
En cuanto al "lugar del crimen", en este cuento se presenta como un espacio cerrado, en el que nadie ha podido entrar ni salir, lo cual hace todavía más complejo el hallazgo de la solución.  

Más adelante, encontramos escritores que usan el patrón de Poe (se tradujo en Francia y se conocía en Inglaterra) para crear algunas novelas de género policiaco incluso parodiándolo, como es el caso de "El cazador cazado" de Wilkie Collins (1856).
Ponson du Terrail crea entre 1857 y 1758 a su personaje, "Rocambole", con el que escribió cuentos de carácter policiaco (de ahí el término "rocambolesco" para denominar a una acción audaz, apasionante, espectacular e inverosímil).  
Emile Gaboriau introduce dentro de su novela "L'Affaire Lerouge" (1866) a "Le coq", una mezcla entre Vidocq y Dupont.
El género existe por la sencilla razón de que existe un modelo a partir del cual se copia.

Agatha Christie

Una de las escritoras más recordadas dentro del género policiaco es Agatha Christie, la cual se encontró bastante influida por el psicoanálisis, el cual por entonces se encontraba conformándose.
El detective apuesta por la psicología, hablar con la gente, con los sospechosos.
El personaje Christiano de "Miss Murple" propuso dentro del campo de la investigación la siguiente tesis: No todo se resuelve con la razón. A través del cómo se llegaba al quién (del crimen se llegaba al criminal).
En 1930, un grupo de escritores, entre los que se encontraba Agatha Christie, fundan "El club del detective". El propósito era jugar limpio con el lector, escribir sin hacer trampa. cada vez se será más consciente de la existencia de un público lector de género policiaco.        
No obstante, las primeras novelas fueron fracasos debido a que los escritores no eran capaces de unificar la historia del crimen con la de la investigación. Como en Poe, el detective es capaz de dar con la clave haciendo uso de la razón. Este método solo puede llevarlo a cabo él, por eso es extraordinario. A medida que la investigación avanza, se va realizando la reconstrucción del crimen.
Este "analista" no es todavía científico. Para ello habrá que esperar a la aparición del personaje de Sherlock Holmes.
Este personaje continúa siendo en cierto sentido extraordinario. Su autor, Arthur Conan Doyle (coetáneo de Christie), le reviste de una serie de características con las que marcar una diferencia con el resto. Para empezar, Holmes es un personaje que viene de fuera (del mismo modo que hizo Christie con Poirot, que era belga). Holmes es, además, extraño: se reconoce como drogadicto, toca el violín (recordemos que Dupont procede de una familia ilustre, lee libros raros). Como prima la faceta intelectual, no importa cómo sea físicamente el personaje.
La ambientación será fundamentalmente urbana. El desarrollo urbanístico como hecho histórico cambiará la relación entre el individuo y el entorno, provocando que el primero acabe por desconocer al segundo. No va a haber criminales profesionales, organizados (desde el punto de vista legal, el detective es un criminal al saltarse la propia ley para hacer justicia).
Como ya hemos dicho, Doyle hará evolucionar a su personaje de "analista" a "científico", mediante el método de deducción. El criminal no importa, es la excusa para la existencia del detective. La excepción sin duda fue James Moriarty, que el propio autor creó definiéndole como la némesis de Holmes. Doyle estaba ya cansado de su personaje y trató de darle una muerte digna, creando un enemigo a su altura capaz de acabar con él. Lo más curioso del asunto es que Sherlock Holmes nunca fue un personaje predilecto para su creador, a pesar de que fue el que le ha hecho pasar a la posteridad. Incluso en una ocasión llegó a pedir una suma elevada a su editor cuando este le pidió una nueva entrega de su personaje. Contra todo pronóstico, el editor le pagó esa cifra desorbitada y Doyle no tuvo más remedio que escribir el libro. Incluso cuando por fin Moriarty acabó deshaciéndose de Holmes en la ficción, los lectores se quejaron de tal modo que el escritor tuvo que escribir un nuevo libro en el que Holmes reaparecía justificando cómo no había muerto.

Arthur Conan Doyle

A pesar de los quebraderos de cabeza que Holmes dio a Doyle, el escocés acabó encarnando a su propia criatura al ser solicitado por la policía para resolver algunos casos importantes, dada su reputación como criminalista. El más significativo fue sin duda el de Jack el destripador, aunque, como es evidente, sus pesquisas nunca dieron resultados.
Doyle crea a Sherlock Holmes inspirándose en un profesor suyo, un médico escocés llamado Joseph Bell. El escritor le conoció siendo estudiante de medicina en Edimburgo, llamándole la atención su capacidad para razonar y deducir.
Doyle mantuvo al personaje del acompañante, convertido en un clásico del género. nos estamos refiriendo al Doctor Watson. Del mismo modo, Christie coloca al lado de Hércules Poirot (el cual se compara con Holmes) a Hustings.
Doyle, a diferencia de Christie, no hace que su personaje se relacione demasiado con las personas, sino que lo vuelve cerrado en sí mismo.
En esta época surgen otros autores que trabajan dentro del género: En Francia, concretamente, encontramos los ejemplos de Gastón Leroux y su obra "El fantasma de la ópera" (1894) o Maurice Leblanc y su personaje "Arsenio Lupín" ("Arsenio Lupín, caballero ladrón",1907).  
Ya en la primera mitad del siglo veinte encontramos a una serie de escritores nacidos de la literatura Pulp, como Christie o Doyle. Este tipo de literatura era impresa en encuadernación rústica, su precio era económico y su consumo popular. Entre estos autores de la nueva ola a los que nos referimos se encuentran Dashiel Hammett y Raymond Chandler. Con ellos se termina de perfilar el tipo de novela. A partir de aquí, sufrirá variaciones, pero en lo sustancial ya estará consolidada.
Surge la figura del detective privado. Antes, investigaban personajes ilustres. Ahora, los personajes representan a los perdedores, e investigan porque no les queda más remedio. Las historias se vuelven más dinámicas. Tiene que salirse a la calle, meterse en ambientes oscuros. La crítica política de tintes de izquierda está presente. Se presenta un mundo en el que quienes controlan el poder son los gángsters. El detective tiene que tener una moral tan incorruptible que le permita salir de ese mundo. No puede pertenecer a la justicia, puesto que está corrupta. El detective tiene que ser casi un criminal.  

Raymond Chandler

Con la publicación por parte de Hammett de "La llave de cristal" en 1931, encontramos este planteamiento perfectamente perfilado: Un ambiente de políticos controlados por mafiosos en el cual el detective (en este caso Sam Spade)  debe de marcharse por coherencia. Raymond Chandler publica "El sueño eterno" en 1939, presentando a su personaje Philip Marlowe.
Las novelas de Hammett y Chandler son buenos productos dentro de un género considerado "popular", que tratan de dignificar. Sus novelas son por otro lado muy cinematográficas narrativamente hablando, lo cual provoca que acaben llevándose al cine, siendo los autores del guión los propios escritores. Una de las características más peculiares de estas novelas son los diálogos, la extraordinaria forma que estos autores tienen de hacer hablar a sus personajes.
Lo que encontraremos posteriormente irá más enfocado hacia la crónica periodística. Quien se va a encargar de iniciar esta nueva etapa será Truman capote con su novela "A sangre fría", con la cual se adelantará a los estudios de los asesinos en serie.

      

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