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La desaparición gradual de Eugenio Gándara

>> viernes, 20 de junio de 2014

A Eugenio Gándara le preocupaba la idea de acabar desapareciendo de la faz de la tierra. Una desaparición no inmediata, sino gradual. Poco a poco había ido notando cómo partes de su cuerpo se iban desprendiendo e incluso desapareciendo.
Lo primero de todo fue el pelo, que comenzó destiñiéndose para después caer sin que Eugenio pudiera hacer nada para evitarlo. Cuando su cabeza quedó como una bola de billar, se dijo: "Bueno, al menos conservo el brillo que la hace relucir". Pero al poco tiempo, esa luz que señalaba su testa y la remarcaba, como un punto de atención de su belleza, también desapareció. La belleza tardó un poco más en extinguirse, porque otras cosas se extinguieron en ese tiempo. Por ejemplo, dejó de salirle la barba.
La angustia existencial de míster Gándara fue haciéndose patente para las personas que frecuentaba, pero esto también dejó de ser un problema porque éstas también dejaron de tener contacto con él. Todo iba dejando de ser de forma inexorable.
Pero, sin duda, lo que más le molestó a Eugenio fue desaparecer finalmente sin poder tomarse su última taza de te, pues la desaparición le cogió bebiéndoselo. Pero ni de esto pudo quejarse, porque ya para entonces no era nadie.    

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