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¿QUÉ ES LA MÚSICA?

>> lunes, 18 de agosto de 2014


El niño se atrevió a preguntarle al padre, por fin, qué era la música. El padre, tan sabio como era, quiso contestarle pero no con una respuesta que contuviese una definición. Era consciente de que el niño debía de comprender deleitándose, por lo que quiso sumergirle en aquel mundo que debía de explicarle. Sabiendo que su hijo era un apasionado del dibujo (no había día que no gasta se una cuartilla, sin importarle que detrás tuviese algo escrito, importante o no) le sugirió una escena: "Piensa en un hombre que vuelve a su tierra, tras muchos años viviendo en otro lugar, buscándose un porvenir. Ahora es un hombre adinerado y desea retornar allí donde fue feliz en su juventud. Su aldea es costera, posee una playa y en ella siempre hay marineros que van y vuelven de la mar. Este lugar está ahora vacío, porque es todavía muy pronto. Está amaneciendo. El hijo pródigo, llamémosle Juan, regresa en este momento. Quizá en la arena haya redes y alguna barca anclada en la orilla. Se escuchan voces, cantos de estos trabajadores que comienzan una nueva jornada de labor". El niño pensó todo esto con los ojos cerrados. Ya tenía la imagen. Su padre no tuvo ni que decirle que lo reprodujera gráficamente, pues enseguida estaba el niño buscando lapiceros de colores y un papel blanco. Estuvo cinco minutos rayajeando a toda prisa mientras el padre le observaba desde su butacón, sonriente y curioso. Al fin, el niño le entregó el dibujo. "Muy bien. Ahora vuelve a cerrar los ojos y escucha." El padre colocó un vinilo sobre el tocadiscos y, en cuanto posó la aguja sobre el disco, sonó la introducción de "Los gavilanes" de Jacinto Guerrero. El niño confrontó las imágenes inventadas con aquel nuevo paisaje sonoro que se le presentaba como fondo de álbum de cromos sobre el que situar pegatinas ajenas. Esto era la música para el padre, ni más ni menos. Un refugio para quien nunca supo dibujar, ni escribir, para quien no tuvo facilidad para inventar pero sí para dejarse evocar por cualquier tipo de creación. La música, la más poderosa de las abstracciones, le hacía sentirse privilegiado al poder disponer de aquellos universos vedados en la oscuridad del silencio y la monotonía. Era una válvula de escape, una forma con la que inundar aquella habitación de papel pintado amarillento en el cual, paradójicamente, ya no se advertían los dibujos que lo decoraron antiguamente.

Habían pasado más de cuarenta años y todavía aquel niño era capaz de recordar aquel momento, siendo como era ya un hombre maduro. Aún raya cuartillas, pero siempre escucha previamente una canción. Esta costumbre se ha convertido tras tanto tiempo en un vicio. Una dulce manía.         

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