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Defensa ente el tribunal de "Flor de España en los orígenes del cine musical español", mi Trabajo de Iniciación a la Investigación

>> domingo, 28 de septiembre de 2014


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Así te conocí, en un otoño que caminaba hacia el frío de un nuevo año. Hoy hace un año que comenzamos a caminar juntos y ahora es cuando sé más que nunca que nunca más andaré solo. Sólo tú das sentido a mi camino.  


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Mari caleidoscópica

>> domingo, 21 de septiembre de 2014


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"Concierto barroco"

>> jueves, 18 de septiembre de 2014


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"CARMEN LA DE TRIANA". CUANDO EL CINE ESPAÑOL SE HACÍA EN ALEMANIA

>> domingo, 14 de septiembre de 2014

Carmen la de Triana" de Florián Rey (1938)


Cuando hablamos del patrimonio fílmico español hablamos de un flagrante caso de desatención por parte de las autoridades gubernamentales que ha venido prolongándose desde sus orígenes hasta nuestros días. Si bien es cierto que el cine no se consideró un arte hasta bien entrado el siglo veinte, en nuestro país no comenzaron a tomarse medidas de protección hasta bien entrados los años cincuenta. Con la Fundación de la Filmoteca Española, comenzó todo un periplo de catalogación, preservación y labor de difusión del séptimo arte. No obstante, toda labor positiva en este sentido llegaría tarde, puesto que para entonces gran parte de nuestro legado fílmico se había perdido irremediablemente. Para poder hacerse una idea en cifras, casi el noventa por ciento d nuestro cine mudo está perdido. Y es que el cine, en sus inicios, representaba más un fenómeno de feria que algo digno de ser considerado bello o estético. Por entonces no se tenía noción de que algo de ese tipo pudiese cobrar un valor con el paso de los años.
Si la historia del patrimonio de nuestro cine ha sido más bien atípica, no lo ha sido menos la historia de su producción. Los primeros realizadores fueron más bien aventureros que se embarcaron en empresas peliculeras por poseer tan solo el capital necesario para afrontarlas. En otros casos, se llegaron a realizar apuestas, como aquella de filmar la Pasión de Cristo en una noche a cambio de una paella. En otros casos, cineastas de la categoría de Buñuel pudieron realizar sus películas gracias a coincidencias del destino (su amigo Ramón Acín le prometió producir "Las Hurdes" si le tocaba la lotería, como acabó sucediendo- aunque en la actualidad dicha historia sea igual de sospechosa que la de Orson Welles y el hallazgo de la historia de "La dama de Shangai en el título de una novela en un kiosco).
Con el advenimiento del cine sonoro, en los años treinta, el cine español tenía puesta la mirada en los estudios alemanes, debido a que sus infraestructuras eran infinitamente mejores, además de que contaban con técnicos extraordinarios, por lo que el resultado de sus filmes era envidiable. Así, muchos de nuestros realizadores más sobresalientes, como Florián Rey o Benito Perojo, acudieron a filmar sus proyectos al país germano. Lo que no podían imaginar es que este lugar que les acogía acabaría convirtiéndose en lo que la Historia acabaría considerando como uno de sus capítulos más negros. La revolución nacionalsocialista ya estaba en marcha y el führer acogía a estos españolitos con los brazos abiertos, puesto que sin saberlo se encontraban colaborando con el funcionamiento de su maquinaria.

Imperio Argentina interpreta "Los piconeros" en un fotograma de la película

De este estrafalario encuentro surgieron títulos como "Carmen la de Triana", película que tendría también su versión alemana, realizada al mismo tiempo, ésta por un cineasta alemán. Su intérprete femenina, Imperio Argentina, se encontraba en su máximo esplendor, tras haber triunfado en la España republicana con títulos como "Morena clara" o "Nobleza baturra", además de haber trabajado en los estudios Joinville y haber compartido cartel con Carlos Gardel en "Melodía del arrabal". Aunque en un principio la intención era rodar una película sobre el personaje de Lola Montes, finalmente se optó por realizar una adaptación de la "Carmen" de Prosper Mérimée. Este francés decimonónico tuvo a bien escribir la historia de una mujer que acabaría convirtiéndose en un mito español. Paradójicamente, la visión que el autor tenía de España y de las españolas se encontraba bastante tergiversado por su propio desconocimiento hacia el país, por lo que esta novela acaba presentando un lugar y unos personajes mágicos irreales e ideales, típicos y tópicos. Esta concepción de "lo español" ha continuado difundiéndose por otros autores extranjeros hasta nuestros días, por lo que la idea de nuestro país ha acabado convirtiéndose en algo falso y exótico.
Esta versión española de una novela francesa adaptada en Alemania dio lugar a una curiosa historia que hoy en día se observa con curiosidad arqueológica. esta Andalucía de cartón piedra ha sido referente de numerosos estudios en el campo de la Historia del cine y, como ya hemos dicho al principio, la desatención por parte de quienes deberían encargarse de salvaguardar la Historia del séptimo Arte provocó que llegara hasta nuestros días, sí, pero en pésimas condiciones. Ni siquiera se conservaba el original y la copia existente hasta hace poco tiempo se encontraba rayada por el número de veces que fue utilizada sin las debidas medidas de conservación.

Tres fotogramas de Penélope Cruz recreando una escena de "Carmen la de Triana" en "La niña de tus ojos" de Fernando Trueba (1998)


Afortunadamente, este año se produjo un pequeño milagro: Enrique Cerezo, productor cinematográfico y poseedor de buena parte de los derechos de las películas de nuestro cine, tuvo a bien restaurar gran parte de su colección para editarla posteriormente en DVD, para gozo de los amantes del séptimo arte patrio. Ahora sí puede verse esta maravilla casi impoluta, sin apenas presencia de todos aquellos defectos que se fueron acumulando de imagen y sonido. Ahora sí puede compararse en condiciones con aquella otra película de Fernando Trueba, "La niña de tus ojos", inspirada en el rodaje de esta película y en la historia de las producciones españolas en tierras berlinesas.
Sin duda, la recreación del rodaje de la escena en la que "Carmen" interpreta la canción "Los piconeros" a manos de Penélope Cruz sesenta años después, es una de las escenas más memorables de nuestro cine reciente. Un Penélope Cruz, eso sí, que no puede competir ni mucho menos con el talento de la Argentina.


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"LA VIDA POR DELANTE"





Porque las cosas están como están, todo se nos hace una cuesta empinada en la que parece no haber cima (porque nadie quiere premiar a los que llegan, pero ellos se ejercitan y van acumulando galardones invisibles), porque todo parece complicado y hemos olvidado la sencillez de las cosas... Ahora, más que nunca, debemos de mirar aquello que día a día nos desafía y reírnos de ello. Si estamos en Lavapiés y tenemos que subir hasta Antón Martín, pues enfilamos la Calle Ave María y sí, nos detenemos en el bar Melo´s y nos metemos entre pecho y espalda una "zapatilla" de tres pisos de lacón fundidos con queso de tetilla acompañados de una buena ración de croquetas (porque somos más gallegos que nadie y el primer platazo nos sabe a poco). Luego, vamos a la taquilla del Cine Doré y sacamos dos entradas para ver "La vida por delante" de Fernando Fernán Gómez. Así nos reconocemos seguidores de ese mundo cinematográfico en el que todo parecía sencillo e ingenuo pero en el que a la vez existía un humor fino e inteligente, deudor de maestros como Jardiel Poncela. De él supo extraer Fernán Gómez buenas dosis de filosofía general, pues tuvo tiempo de conocerlo y trabajar para él, representando ese mundo en escena que era absurdo y a la vez más verdadero que ninguno. El público era capaz de reírse sabiendo que tras aquellos chistes había un poso de reflexión, una moraleja que podía volver a aquella mueca divertida en otra más grave, como si fuese una mueca de equilibrista-contorsionista, capaz de las más insospechadas hazañas. En "La vida por delante" tenemos a un Fernán Gómez todoterreno (director, actor y autor) en su máximo momento de esplendor: Había logrado un nombre, los directores le habían obsequiado con grandes papeles y ahora él había decidido ser quien condujese su propio destino, como un héroe clásico. Pero lo cierto es que él prefería ser un anti-héroe, compararse con el ciudadano de a pie mostrando sus vergüenzas, como ese bufón shakesperiano que no dudaba en tocar con su bastón en las partes más vulnerables del rey-espectador (para que se riese y si sintiese a su vez abochornado). En ese largo viaje de maduración en el que había comenzado a embarcarse por entonces, tuvo a bien rodearse de buena compañía: actores de primera fila -aunque siempre fueron secundarios- como Rafaela Aparicio, Manuel Alexandre o Agustín González le acompañaron hasta el final de sus días y con ellos logró buena parte de sus éxitos. Además de estos grandes actores que por entonces estaban por descubrir, figuran otros de la talla de José Isbert (con quien Fernán Gómez jugaba al ajedrez esperando durante los rodajes), Félix de Pomés o la señora madre del artista, doña Carola Fernán Gómez.  
"La vida por delante" fue algo fresco en el panorama cinematográfico español: una comedia llena de acertados gags, ligera en su desarrollo y llena de incentivos para ese espectador quizá acostumbrado a historias más indigestas y soñolientas. La gente del público de aquel entonces (allá por 1958) debió de reírse tanto como los espectadores de aquella noche en el Cine Doré, con esa risa contagiosa y sana de la que Mari y yo hicimos acopio desde nuestras butacas.
Nos reíamos de esa triste vida que llevaban aquellos personajes conformistas, que estudiaban desganadamente, que conseguían un piso en el que vivir pequeño y ruinoso, que se compraban coches ridículos sin siquiera preocuparse de saber conducir. Una vida artificiosa por cinematográfica, llena de exageraciones increíbles dignas de las altas comedias de Cuckor o Capra. Si acaso pudo haber algún parecido con la realidad, lo encontramos en esa necesidad de subsistencia de sus protagonistas. Nosotros también hacíamos lo que podíamos por progresar aunque pareciese que todo seguía siempre en el mismo punto. Por eso, antes que el mundo nos engullera le poníamos antes un poquito de sirope de chocolate y nos lo tragábamos nosotros, como si se tratase de un creppe. había que endulzar las cosas y todo dependía del talante. Así veíamos en cierto modo a la vida, como una gran novela en la cual lo fantasioso era lo más creíble. Allí vivíamos, en el mundo ideal de nuestros sueños, en aquel realismo mágico, material con el que se forjaban los sueños de los hombres de buena voluntad.
Para la posteridad quedarán personajes como el de Manolo, vividor incapaz de valorar su suerte envidiando aquella otra de los pobres protagonistas, el de la criada utilizada como conejillo de indias por su señora para poner en práctica nefastos experimentos hipnóticos o el del testigo tartamudo del accidente de tráfico.

Tras el éxito de aquel filme, Fernán Gómez trató de realizar una segunda parte, "La vida alrededor", cuyos resultados fueron de menor calidad. En este caso, además de contar de nuevo con el escritor Manuel Pilares, colaboró también en el guión Florentino Soria, guionista, profesor y teórico que hoy día sigue vivo para nuestra fortuna. Al parecer, la causa de que este segundo intento fuese más una frustración que un éxito se debió a lo mucho que lucharon por construir la historia, lo cual se acaba apreciando en cierto encorsetamiento de los personajes y de los hechos en los que participan.  En esta secuela también participó Analía Gadé, su musa argentina. Una señora de rompe y rasga que debió encontrar en aquel pelirrojo de nariz prominente a un Bernard Shaw contemporáneo. Algo que se echa en falta ahora, puesto que, como decía mi amigo Zoilo, en la actualidad ya no existe el sex-appeal de los intelectuales. Por fortuna aún queda quien lo valore y nosotros, pobrecitos escritores, tenemos quien nos quiera y nos comprenda. En mi caso, es una suerte tener a alguien con quien poder compartir una noche en el cine Doré con reflexión sesuda posterior bajando Lavapiés hacia Atocha, línea uno, Tirso de Molina, Sol, Gran Vía, Tribunal.

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Domingo musical. Kiosco del Parque del retiro. Madrid. Boceto

>> lunes, 8 de septiembre de 2014

Dibujo realizado por Mari

Dibujo realizado por mí

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BREVE GUÍA SENTIMENTAL DE TOLEDO

>> domingo, 7 de septiembre de 2014


Jacinto Guerrero e Ignacio Luca de Tena, autores de "El huésped del sevillano" en Toledo

En 1926, Jacinto Guerrero compuso una de sus más notables obras zarzuelísticas: "El huésped del sevillano". El libreto, escrito por Juan Ignacio Luca de Tena, se desarrolla en el Toledo donde creció Guerrero, aunque la época en la que el argumento se sitúa sea anterior, concretamente principios del siglo XVII. Lo dramático no deja de mezclarse con lo histórico, pues se introducen datos concretos y constatables, como lo son la Posada del Sevillano, escenario concreto dentro de la ciudad manchega donde tiene lugar la narración. También se elige como uno de los personajes a Cervantes, que figura como el "huésped" (uno de los  que habitan dicho mesón), dando nombre al título de la obra. Se sabe que el autor del Quijote concibió allí "La ilustre fregona", una de sus famosas "Novelas ejemplares". Dicha anécdota es aprovechada para incluirla dentro de la zarzuela.
Como este lugar histórico, existieron en Toledo otros como "La Posada de la sangre", donde paradójicamente se creía que Cervantes había escrito la obra antes citada, pero también donde personajes como Dalí, Buñuel o Lorca se reunían durante su juventud e ideaban todo tipo de aventuras descabelladas con las que divertirse lejos de la Residencia de Estudiantes.
Volviendo al argumento de "El huésped del Sevillano", encontramos a dos personajes: un pintor de Corte, Juan Luis, que por la fecha elegida tenía que ser contemporáneo de "El Greco" y que tiene como fin realizar el retrato de una virgen por orden del rey Felipe IV, y una mujer, Raquel, de la que el pintor se enamora y en quien decide inspirarse para el retrato del lienzo.
De la obra, cabe destacar a mi juicio, además del "Canto a la espada toledana" (al estilo de "Il Trovatore" de Verdi, obra que también se desarrolla en España), la "Romanza" que Juan Luis dedica a Raquel, cuyos versos dicen así:

Mujer de los negros ojos,
la de la trenza morena.
Mujer de los labios rojos
como la flor del amor.

Mujer de perfil gitano,
que tiene sangre agarena.
Mujer de cuerpo pagano
eres llama, verso y flor

Esta música resuena en mí al acudir a Toledo, evocada por el sabor que la ciudad ha sabido conservar cuasi intacto a pesar del paso de los años y de las guerras (concretamente la guerra civil, que acabó con el Alcázar original erigido por Carlos V, que fue reconstruido a la postre bajo unos criterios históricos dudosos). Guerrero fue, como Dvořák o Bartók, un compositor comprometido con la tradición musical popular de su país, gracias a lo cual rescató buena parte de su tradición oral recorriendo los pueblos castellanos y transcribiendo estos pedazos de patrimonio directamente de la boca de aquellos que las cantaban. Esta música, utilizada en obras como "La rosa del azafrán", tiene obligada cabida en "El huésped del Sevillano" y ella forma parte de mi equipaje durante mis estancias, como ésta última que tuvo lugar a finales del pasado mes de agosto. Acompañado por Mari, imaginé que ella era Raquel, cobrando la canción todo su sentido.  
Existe una plaza llamada de San Román, escondida en el trazado laberíntico toledano en el que tanto les gustaba perderse a los surrealistas españoles (aquellos citados más arriba, quienes fundaron "La orden de Toledo") en la cual se erige la estatua del poeta soldado Garcilaso de la Vega, otro de los ilustres de la villa, y es aquí donde resuena, más que en ningún otro lugar, la Romanza de "El huésped del sevillano". En ella se encuentra la iglesia conservada que mejor representa el estilo mozárabe mudéjar toledano. Quien suba a su torre podrá disfrutar de unas vistas únicas de la ciudad. Vale la pena, a pesar de que resulta un camino un tanto tortuoso (sus techos oscilan de altura, así como los peldaños van variando de tamaño, separación y distancia). Una torre exenta de campanario, a pesar de lo cual no pude evitar rememorar la escena final de "Tristana" del cineasta de Calanda. En ella, la protagonista sueña que asciende por las escaleras de la torre de la catedral buscando una campana que finalmente tiene a la cabeza de Fernando Rey como su badajo. También vino a mi memoria el sepulcro del cardenal Tavera en el Hospital que lleva su nombre. En mi mente se conserva perfectamente la imagen de la efigie cadavérica del religioso observada por Catherine Deneuve, protagonista del filme de Buñuel.  

Catherine Deneuve, ante la efigie del cardenal Tavera, en un fotograma de "Tristana" de Luis Buñuel

Frente a este edificio, encontraremos una casa de estilo humilde donde Santa Teresa de Jesús escribió las páginas de su vida.
Bajando en busca del río Tajo, llegamos a la iglesia de Santo Tomé, donde está el lienzo de "El entierro del conde de Orgaz". Si continuamos descendiendo, llegaremos al antiguo barrio judío, marcado por algunas señales (como la lámpara menorá) que encontraremos en el pavimento y que nos anunciarán el lugar que pisamos.    
La catedral de Toledo es otro de los lugares toledanos de obligado paso. El estanque sito en la plaza llama casi del mismo modo la atención el estanque sobre el cual puede observarse reflejado el monumento, pareciendo este, más que una imagen especular, un cuadro impresionista realizado por Monet.
Si durante el día Toledo evoca su pasado histórico en su recorrido, la noche lo vuelve verdaderamente mágico. pasar por los arcos de sus puertas históricas resulta una experiencia, cuanto menos, sobrenatural. La luz que apenas ilumina el paseo y a sus monumentos no hace sino dotar de una veladura espectral todo lo que mancha con su luz. Las leyendas, que no son pocas, parecen escapar de los libros para erigirse de forma carnal en estos parajes, como aquella de "El beso" de Bécquer. Las viejas sinagogas observan con ese ladrillo marrón oscuro con el que está compuesto Toledo al viajero, que se detiene ante ellas y las contempla con respeto, recordando que hubo un día en que distintas culturas convivieron en la península.
El Museo de Santa Cruz, emplazado en un antiguo hospital renacentista diseñado por Alonso de Covarrubias, también permite evocar la vida de aquellos que originalmente lo poblaron. En el patio ajardinado del mismo estilo que el de los claustros, podemos imaginar a los enfermos que acudían a refrescarse con el aire cercano a la fuente central, o a pasear por el jardín, como bien pudieron hacer los pacientes del antiguo hospital madrileño donde hoy se afinca otro museo, el Reina Sofía. El Museo de Santa Cruz posee una importante colección de obras de El Greco que no tuvimos oportunidad de ver debido a que gran parte de ellas se encontraban formando parte de la retrospectiva dedicada a Domenico Theotocopoulos, ya que este año se cumple su IV centenario.


"Laocoonte" de El Greco

A riesgo de ser llamado excéntrico, puedo afirmar que a mí, personalmente, me habría interesado seguir otras huellas del pintor griego. Su legado pictórico ya tuve tiempo de disfrutarlo durante mis años de formación como estudiante de Bellas Artes. Ahora me interesaban otras cosas más nimias, como encontrar en el que el griego puso su caballete para realizar aquella panorámica del lugar que le acogió. Aquel excepcional punto de vista de la ciudad desde el otro lado del río, con o sin Laoconte, quedará pendiente de encontrar para posteriores visitas. En esta misma lista de tareas por realizar se encuentra también localizar la silla de piedra en la que se sentó Felipe II para contemplar las obras del monasterio de El Escorial que ordenó erigir su padre.

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EL ÁNGEL DE VALDEPEÑAS

>> miércoles, 3 de septiembre de 2014

"Ángel de la paz" de Juan de Ávalos

Aviso para navegantes sobre ruedas: a dos kilómetros al norte de Valdepeñas, no duden en girar sus cabezas hacia una de las dos ventanillas laterales de su coche (dependiendo de si van o vienen de visitar la turística ciudad). Habrá algo en el paisaje que sin duda llamará su atención. Sobre un cerro (concretamente denominado de "Aguzaderas") creerán ver una especie de extraña aparición ruinosa, un coloso de herrumbre y óxido que durará a la vista lo suficiente como para generar curiosidad en los conductores, los cuales no podrán ralentizar su marcha, pues la velocidad que la Nacional IV exigirá a sus vehículos será implacable.
Se trata de algo que ya no existe pero sigue ahí, como aquellas estrellas que se extinguieron pero que continúan visibles ante nuestros ojos. Podríamos denominarlo como armazón, ya que de la escultura tan solo quedan como testimonio algunas fotografías que se realizaron en el momento de la instalación e inauguración del monumento. El hombre diminuto que aparece al lado de la escultura en alguna de estas instantáneas es don Juan de Ávalos, uno de los escultores españoles más importantes del siglo XX, que habiendo sido republicano antes de la guerra acabó realizando paradójicamente las esculturas del Valle de los Caídos. Era Ávalos un hombre de trabajos monumentales (de no haber podido vivir de la venta de sus esculturas habría tenido que usar el campo como almacén y allí habrían acabado conviviendo con la naturaleza, que habría acabado imponiéndose, como en los jardines de Bomarzo o en aquellos otros surrealistas ideados por el mecenas de Dalí y Magritte, Edward James, en las Pozas de Xilitla) y este grandioso ángel está bautizado como "de la paz" en homenaje al ejército español. Cuando dicha obra fue dinamitada, todo lo corpóreo del ángel, todo su peso, se volatilizó, quedando su esencia, su mística, por encima de todo lo demás. Gregorio Prieto realizó una serie de dibujos en torno a esta obra, que se le antojó onírica como lo era su obra por otra parte. Sus trabajos comenzaron partiendo de un realismo del que poco a poco se fueron despojando, manteniendo ese referente de los inicios pero añadiendo aquellas notas fantásticas que tan bien le representaban. Quien acuda a la Fundación del pintor en el municipio español se encontrará con uno de los más completos museos dedicados a la obra de un artista español.

Autorretrato fotográfico de Gregorio Prieto

El edificio resulta ya de por sí singular, conservando la apariencia de un inmueble típico de la región. ¿Quién podría decir que una bodega podría funcionar como exótica galería fotográfíca? Y es que Prieto poseía además una interesante faceta como fotógrafo. Tanto en los lienzos como en las instantáneas se combian de igual modo la realidad con el universo personal, mezclando elementos pertenecientes a culturas y civilizaciones ancestrales con elementos inanimados que juegan a poseer vida propia (esculturas, maniquíes...) y paisajes de su tierra manchega. Valdepeñas posee lugares que han sobrevivido al paso del tiempo y a esta civilización bárbara en la que vivimos hoy, la cual se considera hipócritamente paradigma de lo civilizado. No obstante, ha perdido gran parte de su belleza por culpa de aquella especulación que confundió y sigue confundiendo lo "viejo" con lo "antiguo".

No olviden, cuando se dirijan o regresen de Valdepeñas (depende de si cuando leyeron esto ya estaban allí o todavía no se habían convencido de viajar a esta localidad) de saludar a mi viejo amigo el ángel (o a su espíritu, depende también de si el tiempo le fue todavía erosionando más).                    

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