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"CURRO VARGAS" EN EL TEATRO DE LA ZARZUELA

>> martes, 14 de octubre de 2014

Un momento de la representación de Curro Vargas en el Teatro de la Zarzuela


Hace ya ocho meses que tuvo lugar aquel acontecimiento lírico único: La reposición de la zarzuela grande de Ruperto Chapí Curro Vargas. Desde aquella tarde de febrero, todavía no había tenido fuerzas para ponerme a escribir, hasta que hará cosa de una semana, una lucecita dentro de mí se encendió y me impuse comenzar de una vez por todas dicha tarea. 
Para hacernos una idea, podemos decir que la música y el argumento fue lo único que se respetó en aquella adaptación de la zarzuela. El director artístico se pasó por el forro toda la ambientación histórica, pero no contento con eso decidió incluir elementos que no hicieron sino ridiculizar la obra en un intento por llamar la atención, ya sea faltando al respeto de lo que se representaba y, cómo no, faltándoselo también a gran parte del público. Pero, podemos ir más allá incluso: hubo también elementos que podrían considerarse como crítica política, pero que en realidad atacaban de alguna forma a sentimientos que podían ir más allá de las instituciones establecidas. Me estoy refiriendo a la espiritualidad, a las creencias, algo de lo que se adolece en esta sociedad actual. Ahora, parece existir una barra libre en este sentido para atacar a todo cuanto representa a las personas, por el simple hecho de que este mundo camina hacia su clara deshumanización.
Podemos comprender, de algún modo, que en esta época ya no se lleven las escenografías de cartón piedra correspondientes al momento en que Chapí concibió su teatro musical. Ahora prima un minimalismo que incluso en algunos casos resulta efectivo y llega a aportar nuevos elementos a obras ya de por sí legendarias. Lo que no se puede comprender e incluso tolerar, es el cambio por el cambio, la denigración de una obra con el solo fin de salir en los periódicos y de ser recordado, aunque no para bien precisamente. A mi juicio, hay algo que puede estar todavía por encima de lo ya citado: Al dar mayor relevancia a esa puesta en escena polémica, al espectador puede costarle empatizar con la historia original que se está contando e incluso con la música, que es pura sensibilidad. Si la sensibilidad queda corrompida o atacada de este modo, Chapí es olvidado y en su lugar prevalece un engendro visual indigno de nuestro legado cultural.

Caricatura de época de Ruperto Chapí

Si la acción se desarrolla a finales del siglo XIX y aparecen personajes embutidos en camisetas futbolísticas del Barça, por ejemplo... Si, en mitad de una procesión presidida por un arco con los colores del orgullo gay, aparece un personaje que interpreta a Jesucristo (o mejor dicho, da a entender que una talla de la procesión ha cobrado vida) y al poco es agredido por policías antidisturbios y por prostitutas que se insinúan ante él... Si la protagonista es un personaje ordinario y hortera que se tumba en chaise longue y teclea en ordenadores... ¿Podríamos decir que con toda la razón hubiera gente que se levantara en mitad de la obra y se marchase a la taquilla para pedir que se le devolviera el dinero de su entrada? No siendo partidario de este tipo de actitudes por respeto a la ceremonia en sí y al lugar donde se representa, puedo afirmar que cuando la obra acaba resultando un despropósito e insulta a quien paga su dinero esperando ver otra cosa bien distinta, quien así actúa se encuentra de algún modo justificado.
El Teatro de la Zarzuela, así como el Teatro Real y otros ámbitos bien representativos de la cultura musical en España, se encuentran dirigidos en parte por personas que, debido a su prestigio en el extranjero, parecen dignificar los lugares en los que trabajan. No obstante, no todo debe de ser imagen superficial de cara a la galería. En este caso, quien ha perpetrado tamaño dislate es alguien que desconoce nuestra cultura o, lo que es peor, la agrede de este modo gratuito.  ¿Nos conviene, por tanto, tener a este tipo de personas irresponsables en nuestras instituciones culturales? A mi juicio, nuestro legado debe transmitirse generación a generación para que éstas continúe apreciando su valor, permaneciendo intacta esta sensibilidad. Es obvio que os tiempos cambian y la sobras pueden ir adecuándose para no quedar anticuadas, pero este proceso deber realizarse con tacto y sutileza. Aún así, yo soy partidario de mantener esta imagen de otro tiempo, porque en cierto modo es también bella.

Fotograma de Curro Vargas de José Buchs (1923)

Es cierto que en la misma época en que Curro Vargas se estrenó, surgió una versión de la obra realizada por otros autores, con el fin de parodiar a la original, comenzando por el título: Churro bragas.  No obstante, la adaptación provenía de fuera y no de dentro. Así, había dos públicos bien diferenciados que decidían ir a ver la obra seria o la cómica, no como en el Curro Vargas del año pasado, donde solo había una opción y estaba viciada de aquel modo tan grotesco.
José Buchs realizó a finales de los años veinte una versión fílmica de la zarzuela, la cual sufrió una adaptación drástica en lo que se refiere a la propia historia y a los personajes. Para empezar, se incluyeron nuevos escenarios y se amplió el argumento con el fin de dar preferencia a la trama y no tanto a la música, que resultaba imposible de reproducir debido a que el cine era mudo por aquella época. Además, se trataba de un cine mímico, ya que se intentaba transmitir excesivamente con la imagen al carecer de sonido. Los intertítulos incluidos en el filme, con texto adicional informativo, resultaban a todas luces insuficientes. Esto provocaba que los actores tuviesen que exagerar sus interpretaciones, lo que acababa por resultar cómico e iba en detrimento de la obra original. Tuve oportunidad de ver esta película en el mismo teatro, proyectada sobre un telón añadido al escenario y con música interpretada en directo por Javier Pérez Azpeitia, quien se había encargado de crear la banda sonora para el filme (la partitura original que se realizó como acompañamiento se encuentra actualmente perdida).
Curro Vargas quizá posea un libreto un tanto anticuado con elementos que hoy en día nos pueden resultar políticamente incorrectos. No obstante, la música de Chapí es magnífica y merece ser recordada en un futuro, a pesar de ser una de las zarzuelas actualmente menos representadas dentro de nuestro repertorio lírico. De cómo sea llevada al público depende del respeto que le tengamos a nuestro patrimonio, que es mucho y muy rico.  
       

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