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>> lunes, 20 de octubre de 2014



Está escondido, como corresponde a los objetos de su categoría. Porque se escapan de lo ordinario, por eso es un objeto extraordinario. Pero... ¿Es un objeto? Quizá sea más que eso. Tal vez se trate de un compendio de cosas que conforman algo intangible. Es una caja de zapatos y también es a su vez algo contenido en esa caja de zapatos. Tampoco pertenece a mi infancia, sino que a su vez es un derivado de otra infancia anterior sin la cual yo no existiría. Aquel objeto perteneció antes a mi padre, aunque desconozco si lo atesoró como yo, si le dio ese valor. Yo he tenido siempre esa manía de rodear de un aura especial a ciertas cosas, a dotarlas de un matiz que solo está en mí y que, cuando yo muera, dejará de existir.
Hay quien todavía cree que cuando un poeta se mantiene en silencio no está creando. Lo que yo creo es que simplemente se mantiene en silencio para los demás. Tal vez sea egoísta, porque no manifiesta ese talento exteriormente, guardándoselo para sí. No obstante, la poesía no está solo en los hombres sino en las cosas. Simplemente es necesario saber ver esa poesía, no resultando necesario saber escribir en alejandrinos o endecasílabos. Un niño puede no tener conciencia de la poesía pero a veces observa las cosas desde ese punto de vista.
Ese objeto poético es una caja de zapatos que, a su vez, contiene un aparato a través del cual se observan escenarios imaginarios. Solo tiene que introducirse un pequeño disco en una ranura y observar por dos lentes que ayudan a crear esa ilusión de fantasía tridimensional. Allí está Aladino en una cueva encontrando la lámpara maravillosa, o sobrevolando las cúpulas de una ciudad oriental sobre una alfombra mágica, en compañía de una exótica mujer. Allí una aurora boreal contemplada por unos esquimales, o una niña a la que identificamos como la Alicia de Carroll, persiguiendo un conejo blanco que corre en pos del tiempo, contenido en un reloj de cadena.

El aparato es de construcción alemana, pero la caja que lo contiene tiene inscritos unos graffitis que hablan de un equipo de fútbol perteneciente al país en el que el niño nació. Los ojos de aquel niño de los años cincuenta miraron todas esas maravillas que después miró, con sus ojos, ese otro niño de los años noventa. La mirada cambia, obviamente, a pesar de que se observen idénticas imágenes en uno o en otro caso. Así como José Ortega y Gasset decía en la novela de Tiempo de silencio: Ustedes observan esta misma manzana que yo sostengo en mi mano, pero hay tantas manzanas como personas que en ese momento miran esta pieza de fruta. Así es, siendo visión filosófica o no, lo diga quien lo diga, da lo mismo. Hay tantas realidades como personas. Solo hace falta darse un paseo por una clase de dibujo. Hay un solo cuerpo desnudo posando, pero en cada caballete hay un dibujo, y cada dibujo representa un  cuerpo diferente. Mi mirada es la que aquí describo, siendo este objeto descrito mi propio objeto. Si los lectores tuviesen acceso a él, seguramente lo analizarían de otro modo. Ellos tendrán otros objetos a recordar si han de pensar en uno que marcó su infancia. Y todos son igualmente válidos.

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