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Amparito Roca: el misterio del pasodoble con nombre de mujer

>> martes, 10 de octubre de 2017



La relación que siempre he mantenido con la música habría que buscarla a través de mis diferentes generaciones familiares. La referencia más antigua que poseo de esta melomanía vendría de mi bisabuelo, Roque Mateo, que ya en su tierra natal de Estella perteneció a la banda municipal, siendo su instrumento la tuba. Además, junto a un grupo de amigos músicos con los que conformaría un conjunto, recorría los diferentes pueblos de la región durante sus verbenas, amenizando los bailes de las plazas interpretando diversas piezas del repertorio popular. Su hijo -es decir, mi abuelo- heredó de él su afición por otro instrumento: la guitarra. Además, aprendió a tocar la flauta travesera a través de un profesor del colegio. Gracias a esto, aprendería extractos musicales que posteriormente conseguiría poner nombre y autor, como algunos de "La flauta mágica" de Mozart; ambos instrumentos, guitarra y flauta, nunca los abandonaría y hasta sus últimos días, con cerca de los noventa años, hacía uso de ellos porque le producían una enorme felicidad. En algunas ocasiones, evocaba instantáneas de su infancia y adolescencia, como aquellas en las que la propia banda estaba siempre presente en los diferentes aspectos de la vida cotidiana del pueblo. Una escena casi cinematográfica que nunca olvidaré, tal como la dejó escrita, sería la de una noche noche en la Plaza de los Fueros, en la que él, junto a otros niños, jugaba a la pelota mientras la banda, guarecida en los soportales, interpretaba el "Intermedio" de la zarzuela "Bohemios" de Amadeo Vives. La tristeza y misterio que siempre me ha evocado esta pieza me lleva a este pasaje de la vida de mi abuelo, inevitablemente. Cuando yo era pequeño, íbamos a las fiestas de Estella y allí él participaba de los festejos a través de dos formaciones musicales: La rondalla "Los Estellicas" y la banda municipal a la que pertenecería su padre. Cuando yo y mi padre acudimos en el año 2007 a un homenaje que se le celebró por parte de la banda con motivo de su fallecimiento, no pude evitar recordar las innumerables tardes de fines de semana a su lado, escuchándole interpretar piezas de lo más diversas mientras en algunas ocasiones yo mismo le acompañaba al violín. Recordé también los conciertos en los que participaba durante las fiestas de agosto citadas, en el parque de Los Llanos en su ciudad natal, a la que siempre que podía volvía. Si bien durante esos espectáculos se podía escuchar desde "La marcha triunfal" de "Aida" de Verdi, pasando por la banda sonora de Los Picapiedra, lo que más me cautivaba era el repertorio de pasodobles. Sin saber muy bien por qué, algo me tiraba desde dentro al escucharlos haciéndome aflorar en mí la emoción más desbocada. El misterio que los embargaba en la mayoría de los casos era el principal motivo. "Ayamonte", "Nerva", "Suspiros de España", "Certamen Levantino", "El gato montés", "La Gracia de Dios", "En er mundo"... y, sobre todos ellos, Amparito Roca. Su autor, Jaime Texeidor, se lo dedicaría a una de sus alumnas, Amparito Roca Ibáñez, poniéndole su nombre. ¿Pero quién fue Amparito Roca? A lo sumo, de ella puede conocerse a primera vista su efigie, en algunas imágenes en blanco y negro, en la que se la puede contemplar posando tímida y con una leve sonrisa. Su imagen, propia de la estética de los años veinte, inspira esa ternura y ese respeto que invoca su pasodoble. La melancolía se encuentra también presente, siempre teñida de ese aire solemne de este género musical. Me llama la atención sobremanera lo poco que sé de ella, quisiera saber si a través de su expresión, de su mirada, podría traslucirse una personalidad creativa poderosa, una personalidad como compositora que no sé si alguna vez saldrá a la luz. Si, por el contrario, su trayectoria artística nunca llegó a nada porque no pudo o no tuvo intención de prosperar como música, también me interesaría saberlo. Su carácter anónimo, me anima a fabular.
No sé por qué, escuchar esta pieza me conecta con mi tradición, con mis raíces, con mi origen familiar, sentimental y musical.  No puedo evitarlo. A ella recurro en mis momentos de trabajo, pues me inspira o me ilumina interiormente.     


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